Por: Pedro Viveros

Santos, el “rockstar”, Uribe, el “fillibustero” y Duque…

El 47,4 % de los colombianos no está de acuerdo. El 31,6 % sí (última encuesta Ivamer). Y, mientras tanto, el  primero de mayo, cuando gran parte del mundo conmemoraba el día del trabajo, en Bogotá ocurría una escena contradictoria. En el Senado de la República, Ernesto Macías, presidente de esta corporación, levantaba la segunda sesión de votación donde se debían aprobar o rechazar las objeciones a la Ley Estatutaria de la Justicia Especial de Paz (JEP), un importante proyecto del gobierno del presidente Iván Duque. A esa misma hora, a unas cuadras de ese recinto, el gestor de la JEP, expresidente y Premio Nobel de Paz 2017, Juan Manuel Santos, autografiaba varios ejemplares de sus libro, La batalla por la paz,  en el marco de la Feria del Libro de este año. El senador y expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, miraba la escena desde su cúrul en el Salón Boyacá.

Ese día, para alargar la discusión, usaron la herramienta parlamentaria del “fillibusterismo”,  no citaron pero adujeron un “error” técnico (en los trabajos respetables, los errores siempre tienen un responsable) con la única intención de alcanzar los votos.  El senador Macías concluyó la sesión y despachó, en el día del trabajo, a los congresistas presentes. El político huilense los mandó para la casa luego de ocho horas de trabajo. Por lo menos cumplió esa ley el parlamentario del Centro Democrático.

Horas antes, el senador Álvaro Uribe era el protagonista de todas las miradas. Se le vio circular por todo el capitolio, incluso sosteniendo al mismo tiempo  multiples reuniones. Salía y entraba de las oficinas contiguas, hablaba con todos los sectores de la política (incluida la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común- FARC).  Y es que la noche anterior, en una polémica lucha parlamentaria, la primera votación había dejado en vilo al país sobre el futuro de una institución como la JEP, central para alcanzar el objetivo de la paz. El líder y exmandatario se exigía al máximo en lo que más sabe y le gusta hacer: ejercer su poder.

En forma paralela, el creador de los acuerdos y para muchos responsable de esta figura, era recibido como un “rockstar” en la Filbo. Entre vitores de “paz, paz, paz” y frases como “yo no voté por usted, pero si vuelve a hacer política, esta vez cuente con mi voto” , ingresaba a un recinto, pero al José Asunción Silva, auditorio central de la cita literaria más importante de Colombia. Su ingreso fue eterno. Santos no es un fogoso de la política. Su parquedad y frialdad contrastaban ese día luego de abrazar tanto pueblo. Eso para Santos no debió ser fácil. Pero iba a hacer lo que más le gusta hacer: ejercer su poder de expresidente.  

Mientras Uribe forzaba decisiones y su partido amenazaba a sus contradictores por votar la JEP, Juan Manuel Santos exponía su camino para lograr  la paz. En algún momento de su  exposición,  expresó: “Por fortuna fueron rechazadas. Ojalá eso permita que la JEP empiece a operar. No es consecuente que le pongan un palo a la rueda a la JEP y luego le exijan resultados. Miren las discusiones en el Congreso de la República. Unos son ‘sicario, sicario, sicario’, y los otros… ‘paraco, paraco, paraco´”.  ¿Un observador o un activista?

Un día del trabajo a la colombiana de dos figuras de la política nacional. Uno se ve a gatas para sacar adelante su versión de la paz (incluso tuvo que negociar, y dar su brazo a torcer, con su peor enemigo: la FARC). Y Santos como estrella de cine alardeando sobre su paz, la misma que estaáen veremos en el Congreso.

Ese mismo día, el presidente Duque decía: “Colombia tiene una minoría que prefiere destruir; pero una gran mayoría de ciudadanos que queremos construir (…) y hay una pequeña minoría que siempre quiere apelar a las agresiones, pero una gran mayoría de ciudadanos que quiere apelar a las soluciones”. Al que le caiga el guante…

@pedroviverost

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Pedro Viveros

Claudia López tiene su Galán

Bolívar, ¿héroe de espada y de cama?

Se busca fiscal