Por: María Elvira Samper

Santos, entre Marte y Plutón

Es un lugar común decir que las crisis son oportunidades, pero lo son porque sirven para reflexionar, para hacer cambios.

Por eso ahora que el Congreso atraviesa por una muy seria de legitimidad —una más—, derivada de la fallida reforma a la justicia, la pregunta es si en un acto de receptividad a la indignación ciudadana, los congresistas darán alguna señal de cambio. Por ahora, el cuestionado e investigado Emilio Otero, llamado el senador 103, declinó su sexta aspiración a la secretaría general del Senado desde donde hacía y deshacía a su antojo. Pero en los pasillos del Capitolio se rumora que será elegido en cuerpo ajeno (al momento de escribir esta columna no se han instalado las nuevas sesiones del Congreso). Todo seguirá igual.

Y está por verse si el Ejecutivo, también en crisis, dará señales de cambio, porque ad portas de cumplir dos años en la Casa de Nariño, al presidente Santos se le están enredando las cosas más de la cuenta. Parece que en su carta astral se está dando la conjunción de Marte con Plutón en cuadratura con la Luna, señal de tempestades y problemas. Poco a poco se le ha ido descuadrando el andamiaje y las expectativas que había sobre su buen gobierno han ido desinflándose, como lo registran las encuestas. La luna de miel, inusitadamente larga, se acabó y el Gobierno enfrenta una situación compleja y difícil.

Para empezar, tras el tortuoso hundimiento de la reforma a la justicia, las relaciones con el Congreso quedaron maltrechas. Tanto, que el Gobierno se abstendrá, mientras arregla las cargas, de presentar la reforma tributaria, uno de sus proyectos económicos claves. Y la conjunción de los planetas tampoco favorece a quienes han sido sus ministros estrella: la canciller, María Ángela Holguín, pasó de un momento a otro del cielo al infierno y se convirtió en blanco de críticas, y Germán Vargas, menos luminoso en su nueva cartera, en víctima de enconados ataques del expresidente Uribe.

Pero es la seguridad el asunto más sensible. Al presidente se le ha salido de las manos, por lo menos en el Cauca, como ha sido evidente en los últimos días. Nada de que todo está bajo control, como ha dicho, y nada que da la talla el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, que no refleja un liderazgo fuerte y cuyas reacciones son tardías. Se deja coger ventaja de los críticos. Tampoco parece tener el talante necesario para administrar los chicharrones de su cartera el ministro del Interior, Federico Renjifo, que actúa y responde como si las cosas no fueran con él. El resto, ni suena ni truena.

En medio de un panorama de vientos huracanados en el que el Gobierno no parece estar en sintonía con la gente, los “puricentristas” pescan y llaman a la guerra. Juegan con candela, invitan a los militares a la rebelión contra el Gobierno y realizan reuniones en la frontera con opositores venezolanos, y alborotan peligrosamente el cotarro. Lo más grave es que el Nerón criollo, el pirómano mayor, es un expresidente que irresponsablemente desconoce las responsabilidades —valga la redundancia— que le impone su estatus.

No la tiene fácil el presidente Santos, que debe empezar por reconocer la crisis, hacer un diagnóstico sobre las causas y sus remedios, y fijar prioridades. Entonces tendrá que elegir entre seguir “pasteleando” y dándole gusto a Raimundo y todo el mundo, manteniendo el equilibrio inestable de la Unidad Nacional, o jugarse el capital político que le queda —no despreciable— en retomar la senda reformista y jugarse los restos. Si elige este camino tendrá que pisar callos y enfrentarse sin agüero a Uribe, su principal opositor, y a los sectores retardatarios que lo apoyan —armados y desarmados—. Deberá demostrar su talante liberal, si le queda.

 

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