Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Santos: ¿minería sostenible?

El pasado 17 de agosto, la Dirección de Evaluación de Políticas Públicas del DNP presentó oficialmente al Consejo Nacional de Planeación (CNP) una síntesis del informe del primer año de gobierno que el presidente Santos presentó al Congreso de la República.

Esto responde al mandato constitucional de informar desde el Gobierno nacional al CNP sobre los avances en la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo.

El informe presenta cifras muy positivas asociadas al crecimiento del PIB. Para el primer trimestre del 2011 creció un 5,1%, cifra muy superior al incremento en el mismo periodo del 2010, que fue de 1,9%, y al de los tres años precedentes, que presentaron un promedio de 2,7% de crecimiento anual. Los dos sectores que jalonaron el crecimiento del PIB al inicio de este año son minería y agricultura, que según el informe presentaron incrementos del 9,4% y 7,8%, respectivamente. Con el incremento acelerado en la inversión extranjera, hoy focalizada en petróleos, minas y canteras, es muy probable que los indicadores de crecimiento económico se mantengan e incluso se incrementen en los próximos años. ¡Pero ojo, esto no significa que estemos avanzando hacia el desarrollo sostenible! Sólo estamos basando el crecimiento económico de corto plazo en la extracción de recursos naturales no renovables, lo cual, por definición, es insostenible. La minería indefectiblemente lleva al agotamiento del stock de los recursos naturales que se están extrayendo. Estos recursos tienen un límite y, por lo tanto, no garantizan el bienestar económico y ambiental a largo plazo. El Gobierno no está presentando esta realidad a los colombianos.

El representante del DNP, en el informe al CNP, utilizó el inconcebible concepto de “minería sostenible”. ¿Cómo se le pudo ocurrir semejante barbaridad? La minería por definición no es sostenible; otra cosa muy distinta es que se puede adelantar una actividad minera de bajo o menor impacto ambiental, que conserve la parte renovable de los recursos naturales y donde el flujo de riquezas generadas por la explotación de los recursos naturales no renovables se invierta en otros sectores y actividades que puedan, a largo plazo, soportar un desarrollo sostenible e integral.

No confundamos a la gente. La extracción acelerada de recursos como el petróleo, el carbón y el oro, sin duda generará indicadores de crecimiento económico en los próximos años, pero eso no quiere decir que estemos avanzando en la senda del desarrollo sostenible. Más bien, la dinámica ambiental y la forma como está operando la administración pública nos señalan todo lo contrario. La manera como se ha favorecido el rápido y poco controlado desarrollo minero da lugar a un impacto ambiental negativo, que podría evitarse con una oportuna inversión para el desarrollo institucional, la supervisión y gestión responsable de las riquezas naturales.

Mientras la inversión para procesos extractivos crece aceleradamente (un 132% en el primer trimestre de este año con relación al mismo periodo del año pasado, inversión destinada en su mayoría a la explotación de petróleo, minas y canteras), la capacidad nacional de minimizar su impacto de contaminación y deterioro no mejora. Seguimos a la expectativa de la consolidación financiera y técnica del Sistema Nacional Ambiental, y de la creación con solidez y músculo político del prometido Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

 

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