En vivo: La justicia transicional a dos años del Acuerdo con las Farc

hace 5 mins
Por: María Elvira Samper

Santos, reelección en jaque

El presidente se salió con la suya y logró que el Congreso ahogara la mal llamada reforma de la justicia, pues al fin y al cabo este es un apéndice del poder presidencial.

Pero si cree que el país ya pasó la doliente página y que todo vuelve a la normalidad, se equivoca en materia grave. La muerte del engendro que llevaba desde el comienzo el ADN del Gobierno, no le sirve de agua lustral para limpiarle el pecado original, ni lo exime de responsabilidad. Los ‘micos’ que le sirvieron de pretexto para apelar a la polémica fórmula de la eutanasia, no aparecieron todos en las horas del oscuro conciliábulo de la conciliación. Varios venían de atrás, el Gobierno los dejó pasar (¿abono para la reelección?) y por eso los congresistas —salvo pocas y dignas excepciones— se envalentonaron y, sin pudor alguno, armaron la reforma a su medida, a la medida de sus necesidades de impunidad.

Santos pecó por exceso de pragmatismo —y de sobradez—, desestimó las alarmas y falló en los cálculos. Confiaba en que la reforma llegaría a la Corte Constitucional y que ella decapitaría lo decapitable, y así los congresistas no podrían hacerle reclamos al Gobierno. Y no contó con la reacción de los ciudadanos de a pie. De ahí el estropicio del que no sale indemne y que pone en jaque su reelección. Las relaciones con el Congreso quedan maltrechas y seriamente comprometidos proyectos claves como las reformas tributaria y pensional. Muchos congresistas de la coalición —que ponen los votos—, indignados porque el presidente se lavó la manos como Pilatos y los señaló con dedo acusador, buscarán sacarse el clavo y pasarle cuenta de cobro.

Y como todo lo que perjudica a Santos, juega a favor del expresidente Uribe y sus huestes —que tendrán candidato propio y aspiran a recuperar el Gobierno—, la crisis que tiene contra las cuerdas al “traidor”, al presidente que salió elegido con sus votos pero que gobierna con agenda propia, les viene como anillo al dedo. Estarán frotándose las manos y haciendo cálculos para sacarle provecho, y no desperdiciarán oportunidad para atacarlo por politiquero, por hacer componendas con los congresistas (lo mismo que Uribe, pero qué importa), y por su falta de arraigo popular.

El daño está hecho, el prestigio del presidente Santos está gravemente herido y su presidencia muy maltrecha. La reelección ya no parece pan comido. Según la encuesta Datexco contratada por la W y El Tiempo, la imagen favorable cae de 65,46% en abril a 55,44% en junio, y el 62,82% se manifiesta en contra de su reelección. En cuanto a la gestión, el 52,48% la aprueba en general, pero al desglosarla por temas sale mal parado: en lucha contra la corrupción lo raja el 60,84%, y el 65,78% en la guerra contra la guerrilla, y en empleo lo descalifica el 66,81%. La encuesta Gallup Colombia también muestra un bajonazo: la imagen presidencial se desploma de 64% a 48% en el mismo período, y sobre su desempeño la opinión favorable cae de 69% a 52%.

Santos y su gobierno han perdido credibilidad. Propiciaron la más grave crisis institucional de los últimos años y están pagando el precio. Les quedan dos años para enmendar la plana y recuperar terreno. No más pintar periquitos de oro, no más juegos politiqueros ni juegos pirotécnicos. Los colombianos reclaman cambios de fondo, no sólo de forma. La reelección está embolatada. 

 

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