Por: Rodolfo Arango

Santos y el PIN

EL GOBIERNO JUEGA SIN ESCRÚPUlos a favor de sus candidatos. El presidente Uribe se empleó a fondo por Arias.

En la campaña de Noemí se sorprendieron con la intervención presidencial en política justo en el remate de la contienda electoral. Con seguridad los buenos contactos de Pastrana en Washington contribuyeron a que el Departamento de Estado incluyera el escándalo de Agro Ingreso Seguro en el informe anual de Derechos Humanos. La reacción del presidente Uribe en contra de la injerencia extranjera no se hizo esperar. Salió a defender en emisoras y consejos comunales a su ex ministro como gran líder y hombre honesto. Claro está, desde su concepción singular de la moral. Pero la influencia del Primer Mandatario ya había dado sus frutos. Lo que era una amplia diferencia de Noemí en las encuestas se convirtió al final en una accidentada carrera cabeza a cabeza por la candidatura conservadora. El suceso anticipa hasta dónde pueden ir Uribe, Santos y Arias para asegurar el objetivo de ganar en primera vuelta.

La estrategia es clara. Santos la anticipó en su respuesta a Félix de Bedout en la W cuando evitó contestar si gobernará con el PIN, partido sospechoso de acoger ampliamente a personas cercanas al narcotráfico y la parapolítica. El silencio otorga. Santos seguirá la doctrina Uribe de pedir el apoyo de congresistas cuestionados antes de que los priven de su libertad. Todo en aras de abrazar el poder. La megalomanía no es ciertamente virtud. El país debe prepararse para sus efectos y el ejercicio ilimitado del poder. Falsos positivos y acusaciones de vínculos con la guerrilla a los opositores son claros antecedentes. Recordemos no más que fue Santos quien acusó en 2006 al candidato liberal Rafael Pardo de vínculos con las Farc, sindicación temeraria que luego el Gobierno se vería obligado a rectificar.

Qué diferente sería la legitimidad de un posible gobierno de Santos si éste rechazara oportunamente el apoyo del PIN. Los cálculos de los analistas estiman en casi dos millones los votos de origen espurio a favor de congresistas afectos al uribismo. Pese a las alarmas y denuncias de inundación de dineros ilícitos en las campañas para Congreso, nada hizo el Gobierno para evitar la influencia en las elecciones de los parapolíticos desde La Picota. ¡Cuánto habrían servido aquí las chuzadas con orden judicial del DAS a los jefes políticos detenidos para evitar la corrupción electoral! La omisión de las autoridades responsables se acerca a los linderos del derecho penal. La votación atípica en muchas regiones del país, como sucede en el Valle del Cauca o Sucre, augura cuatro años más de intensa actividad de la Corte Suprema de Justicia.

Se anticipa por ahora una campaña electoral con mucha estrategia y pocas propuestas programáticas. El monotemático discurso de la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social deja a los candidatos continuistas sin capacidad propositiva. La crisis moral del país, la miseria galopante que hace corruptible cualquier campaña política y la necesidad de gobernar con ayuda de la mafia seguirán deslegitimando cualquier resultado positivo del uribismo. Los amplios apoyos en el nuevo Congreso ayudarán poco al entrante gobierno para enfrentar los desafíos de regionalizar al país, acometer la reforma política estructural que se requiere, integrarse a la comunidad de Estados latinoamericanos y pasar del clientelista Estado de opinión a un auténtico Estado social de derecho.

 

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