Por: Mauricio Albarracín

Santos y la terna de oro

Los abogados de mi generación crecimos a la luz de la jurisprudencia de la Corte Constitucional.

Creíamos que el derecho constitucional era una herramienta para controlar el poder y garantizar las libertades. Aún recuerdo mis viejas fotocopias de las sentencias de finales de los años noventa que archivaba, leía, subrayaba y compartía. Para mí, un joven estudiante de derecho de la provincia, los magistrados de la Corte Constitucional eran gigantes, sabios e incorruptibles.

Después del escándalo del magistrado Pretelt, el presidente Santos tiene en sus manos la posibilidad de aportar en la reconstrucción de la legitimidad de nuestro derecho constitucional. Para ello, debería enviar al Senado una terna de oro que reemplace a uno de los magistrados de la Corte Constitucional.

Nuestra Corte Constitucional creó un conocimiento jurídico invaluable como el de una gran biblioteca que debemos preservar. Es por esto que cuando veo el escándalo de la Corte, siento como si incendiaran una biblioteca. Es triste ver que este esfuerzo colectivo construido con mucho esmero es quemado por la vanidad y las rencillas.

Para proteger este patrimonio el presidente puede incorporar tres juristas de las más altas calidades académicas y éticas a la Corte Constitucional. Ese puede ser un legado que Santos reclame como suyo: ayudar a recuperar la dignidad de nuestra biblioteca de la justicia. El mes próximo terminará el período del magistrado Mauricio González, quien fue ternado por el entonces presidente Álvaro Uribe. Esta vacante será la primera en ser llenada después del escándalo de Fidupetrol. Es por eso que en la Casa de Nariño deben ser conscientes de que no se trata de cualquier terna y de que no se puede descuidar como ha ocurrido antes. Y es precisamente de esta crisis – presenciada por todos con asombro – que se pueden sacar algunas enseñanzas para configurar una terna de oro. Antes de describir estas virtudes judiciales, esta terna debería ser de mujeres para garantizar que una nueva magistrada ingrese a la Corte como lo argumentó Rodrigo Uprimny en una columna anterior.

En primer lugar, el presidente debería confeccionar una terna con candidatas que tengan una amplia trayectoria en analizar cuestiones difíciles del derecho constitucional. No creo que sea el momento de improvisar nombrando personas sin experiencia, pagar cuotas políticas, o de postular abogados con prestigio, pero sin conocimiento. Es indispensable tener una terna con formación académica amplia y probada en asuntos prácticos. Por esto, el presidente debería incorporar candidatas que se caractericen por ideas brillantes y capaces de crear soluciones innovadoras a nuestros difíciles problemas sociales.

Otro aspecto que debe analizarse para confeccionar esta terna es el respeto institucional y la madurez política. Las tres personas seleccionadas deben demostrar un respeto absoluto por las instituciones y ser capaces de actuar en asocio con los otros ocho magistrados. Esto lo puede examinar el presidente, a la luz de la trayectoria profesional y política de las candidatas. La Corte es un equipo que funciona bien cuando todas sus partes actúan armónicamente. No significa que piensen igual, sino que trabajen en equipo como institución. De hecho, en la práctica, ningún magistrado actúa sólo. Los nueve magistrados viven en una extraña simbiosis y deben ponerse de acuerdo para sacar adelante las decisiones. Esto significa que no pueden insultarse ni difamarse. Para evitar estos bochornosos actos vistos recientemente, se requiere respetar el disenso, realizar extensos diálogos, crear confianza y construir conjuntamente.

Junto al conocimiento del derecho constitucional y el respeto institucional, también se requiere una terna de personas intachables. Ninguna puede tener acusaciones de algún tipo, ni sombra de duda sobre su actuación pública.

Además, creo que el presidente debería emprender una cacería de talentos del derecho constitucional. Directamente en manos de Santos, debería estar la búsqueda activa de las personas que tendrían la alta responsabilidad de la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución. Una acción así podría eliminar el escepticismo de la y los mejores candidatos. Siempre que le digo a algún constitucionalista destacado que se postule a un proceso de selección de una terna se ríe un poco, como quien señala una ingenuidad. Pero quiero insistir en lo que creo que es lo correcto: una gran Corte se hace con grandes líderes que son capaces de seleccionar a nuestras mejores mentes legales incluso por encima de diferencias ideológicas.

El derecho constitucional es la obra colectiva de una nación. Es un libro que escribimos entre todos y todas para nuestro uso y el de las próximas generaciones. En esta construcción narrativa, las magistradas y magistrados de la Corte Constitucional tienen un papel fundamental en definir el rumbo y desenlace de este libro. Santos puede ternar a tres grandes escritoras y empezar a revertir el gran dolor que sentimos al ver arder nuestro más preciado libro.

El autor es investigador de Dejusticia. malbarracin@dejusticia.org

@malbarracin

 

Buscar columnista