Por: Iván Mejía Álvarez

Saudades

Una palabra resume el fútbol brasilero actual: saudade. Viven de la añoranza, del recuerdo, de las piernas torcidas de Garrincha, de los goles de Ronaldo, del fútbol de Zico, de las gestas heroicas e históricas de O Rei Pelé. Viven de sus mitos.

Hoy como ayer, como hace un año, el fútbol brasilero vuelve a perder y a quedar en ridículo. Dos Copas América seguidas en que los paraguayos despachan para la casa a la canarinha en medio de la decepción colectiva. Un campeonato mundial en el que fueron goleados 7-1 por Alemania en la tragedia de Belho Horizonte. Hoy es Dunga el responsable, ayer fue Felipao, no hay nadie que pueda agarrar ese barco a la deriva y darle un rumbo.

Dunga, un técnico que ya había fracasado en Sudáfrica cuando fueron eliminados por Holanda en cuartos, fue llamado para rescatar a la selección a sabiendas que su presencia era más de lo mismo, pierna fuerte, empujar, pegar, marcar. A Brasil se le olvidó lo más importante del fútbol: jugar. Aún así, en medio de la mediocridad y sin brillar nunca, el técnico encadenó quince partidos sin perder lo que llevó a muchos a creer que la Copa América sería la reivindicación al Mundial. Qué gran error.

¿Cuándo se equivocaron en el camino los “auriverdes” y apartaron de su senda el juego? Desde que Telé Santana fue eliminado por Italia en Sarria, Barcelona, en el 82. En ese momento llegaron los fantasmas que hablaban de defensa, de cerrar partidos, de ser más serios en el trabajo y empezaron a montar colectivos que se preocupaban mucho más por el sacrificio, el módulo, la táctica y menos por el juego. Dunga es igual a Felipao, siguen creyendo que con operarios medios como Fernandinho, Elías, Douglas, Firmino, Tardelli pueden volver a la senda del éxito y esos, y otros más, son futbolistas comunes y corrientes, del montón.

Con el 1-0 tras una buena combinación, como las de antes, armada y rematada por el veleidoso Robinho, Dunga mandó tocar la corneta y todos para atrás a cerrar un partido durante 75 minutos. Los de antes, el Brasil de la gloria, hubiera seguido atacando y buscando el segundo gol con su fútbol. Pero, se sienten tan desprotegidos y ausentes de juego que buscan soluciones defensivas a los problemas de fútbol.

Es cierto, la fábrica ya no produce talentos como antes, ya no salen grandes jugadores, por eso Neymar resulta un bicho extraño en medio de tanta mediocridad. Coinciden los últimos dos fracasos brasileros, Mundial y Chile, con la ausencia del delantero del Barcelona quien en medio de la pobreza es el único con algunas pinceladas de gran jugador, pero con un cerebro del tamaño de la cabeza de un alfiler.

La conclusión es patética: un timinho lleno de saudades con poco futuro y en malas manos.

 

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