Por: José Salgar

Se alarga el novelón telepolítico

ENTRE LOS ÉXITOS INTERNACIONAles de Colombia figuran las telenovelas que primero agarran grandes audiencias nacionales y después son traducidas y duran años transmitiéndose en el resto del mundo.

Esas novelas aseguran el comienzo a unos pocos personajes que se supone son los buenos y terminan casándose o ganando sus batallas de amor o conveniencia. A medida que aumenta el rating se hace indispensable el alargue de la serie y los buenos pasan a ser malos, o viceversa.

Lo mismo ocurre con el novelón de la telepolítica colombiana. Todos los días se hace indispensable el alargue y surgen actores que complican la trama. Un charlatán que se apodera de la pantalla y agitadores callejeros, o un juez borracho o enloquecido, se encuentran en cualquier parte, listos a echarle leña a un fuego que pasan los años y no se apaga.

El público alelado e indeciso espera que gane el bueno y se castigue al malo. Los finales obvios, tanto en la ficción como en la realidad se convierten en novelitas rosa que pierden audiencia y fracasan. Los de éxito son aquellos en los que en el alargue van ganando los peores, que hacen lo que nadie pensaba, mientras los mejores hacen lo posible por salir adelante para el final feliz que siempre se espera.

Hay momentos en que esos novelones se hacen insoportables y se busca un escape tranquilo, que son las vacaciones para quienes tienen la suerte de no estar en los bloques de desempleados, desplazados o encarcelados.

Este hombre de la calle tiene la costumbre de irse lejos por estos meses, en un turismo periodístico que lo separa de la desesperante rutina de los novelones inmediatos, pero lo mantiene unido a sus lectores en este sitio de cada ocho días. En los nuevos tiempos de la internet no hay distancias. Cuanto más lejos más cerca.

Coletilla.– Buscar en los nintendos un juego en el que los buenos siempre le ganan a los malos.  

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