Por: Luis Carlos Vélez

Se atornilló Maduro y Colombia está sola

Nicolás Maduro está más sólido que nunca. La semana que acaba de pasar es una en la que, sin buscarlo, ha podido dormir más tranquilo. ¿La razón? La salida del funcionario estadounidense que más fuerza hacía para realizar una acción militar en su contra: el asesor de seguridad, John Bolton.

El repentino (pero no extraño) despido del hombre de la carpeta amarilla con la leyenda “5.000 tropas para Colombia”, deja un boquete en la estrategia de disuasión contra el dictador Maduro. Significa, sin duda, que se elimina de tajo cualquier posibilidad de acción militar en su contra, ya que como el propio presidente Trump lo ha dicho y, además, demostrado con sus acciones, no es un jefe de Estado al que le gusten las tropas y la guerra. De hecho, en sus discursos, paradójicamente bélicos, ha dejado claro que los enfrentamientos militares son caros e ineficientes. Él prefiere los acuerdos.

Trump reconoció que la salida de Bolton se produjo, entre otros, por el tema Venezuela; uno en el que era sabido, gracias a reportes anteriores del Washington Post, que ambos sostenían grandes diferencias. Según una investigación del diario, hace poco más de un mes el mandatario le había reclamado a Bolton que su estrategia sobre Maduro había fracasado; sostenía que ni el cerco diplomático, ni las sanciones económicas, ni las amenazas militares habían logrado que Juan Guaidó asumiera como presidente, algo que dejaba como única posibilidad restablecer el diálogo. Entre tanto, Bolton seguía pidiendo tiempo para continuar enviando señales de que si la dictadura no cedía en sus pretensiones llegaría el momento de utilizar la fuerza.

¿En qué queda la situación? Lo más probable es que tome camino la estrategia de negociar, algo en lo que ya se venía trabajando paralelamente por parte de la Casa Blanca. Con la salida de Bolton queda vía libre para que Trump haga una de sus conocidas jugadas sacadas del show El aprendiz y se siente a conversar con Maduro en busca de lograr un “acuerdo” tal como lo hizo con Kim Jong-un, de Corea del Norte. La semana pasada en su columna para The New York Times, James Poniewozik decía acertadamente que para entender el comportamiento de Trump había que analizarlo desde su personaje de TV, ese que él mismo creó para llegar a la Presidencia.

Pero, ¿qué significa negociar? Muy sencillo, significa comprometer a Maduro a realizar elecciones presidenciales inmediatas, libres y con verificación internacional. Pero espere, no celebre aún. Estas elecciones facilitarían la participación del partido político de Maduro y el compromiso de una amnistía para él y sus secuaces, aunque algunos sean forzados a viajar por un tiempo a Cuba o Rusia. Es lo que hay.

Así las cosas usted dirá, pero eso no cambia mucho y Colombia seguirá siendo la bolsa de pegar de Maduro, el destino de la migración venezolana, el objetivo de narcos y guerrilleros apostados al otro lado de la frontera y el caldo de cultivo para la expansión de su modelo económico político. La respuesta es sí y desafortunadamente esa es nuestra realidad. Este es nuestro problema y ha quedado claro que el Tío Sam no lo va a comprar.

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2019-09-16T00:00:07-05:00

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2019-09-16T00:15:01-05:00

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