Por: Catalina Uribe

Se busca

En la pasada marcha de los bogotanos contra la proyectada troncal de Transmilenio por la Séptima, varios manifestantes desplegaron afiches de “Se busca” con la imagen de distintos concejales y políticos de la ciudad. Su objetivo era ligar el nuevo gasto público de Transmilenio con el “cartel de la mermelada”. Esta estrategia coincide con una tendencia visual en la denuncia de políticos. También el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha visto en varios afiches que ofrecen diez millones de dólares por información que conlleve a su destitución. En este último caso, la campaña y la suma son reales.

Los afiches de “Se busca” tienen históricamente dos objetivos. El primero, separar a quien aparece en la imagen del resto de la ciudadanía al señalarlo como criminal. En segundo lugar, la retórica del afiche involucra al espectador y lo vuelve partícipe de una búsqueda colectiva. El ciudadano de a pie es ahora un cazarrecompensas. El afiche logra que su mirada cambie. Lo que en principio es un anuncio pedagógico, lo hace voyerista. Originalmente, también se anunciaba la resolución de la búsqueda. Un afiche paralelo de “capturado” le decía a la ciudadanía que podía descansar su mirada y alegrarse por el éxito de la persecución.

Lo fascinante de la retórica del “Se busca” es que denuncia la debilidad de las autoridades, de aquello de lo que carecen, al tiempo que evita que la ciudadanía se desanime, pues ahora más que nunca hace parte del Estado. Paradójicamente la gente casi nunca participa. La tarea siempre recae en los profesionales. Nadie quiere estar muy cerca de un capo, de un ladrón, de un asesino o de un violador. De hecho, uno de los trucos de los afiches es precisamente hacer patente la necesidad de las autoridades. Éstos le muestran a la ciudadanía la importancia de que haya gente encargada de tan complejos personajes.

¿Son distintos los afiches de la Séptima? ¿Cambia en algo la naturaleza de la acusación cuando es la ciudadanía y no las autoridades quien emite el afiche? Y si el caso es que algo cambia, ¿va a hacer esta vez algo la ciudadanía? ¿O es simplemente un discurso contra la corrupción para defender a un político en particular que probablemente también es corrupto?

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