Por: Pedro Viveros

Se busca fiscal

El fiscal general de la Nación es un agente del Estado que investiga conductas delictivas que han sido denunciadas o cuando existan indicios de un delito. La persona debe ser ternada por el presidente de la República y la elije la Corte Suprema de Justicia para un periodo de cuatro años. Debe reunir las mismas calidades de un magistrado de este tribunal supremo. Hasta aquí se podría pensar que la escogencia del sucesor de Néstor Humberto Martínez (NHM) podría ser fácil.

Sin embargo, ¡dicho ciudadano(a) va a ser fiscal de Colombia! Un país que alberga muchas divisiones, desunido y donde se gobierna bajo sospecha. Con un proceso de paz que no arranca en su implementación, además de rencores y broncas ancestrales y recientes. Una nación sin lo justo.

El individuo que tenga aspiraciones para suceder a NHM deberá tener la mezcla que conjugue entender lo privado pero con vocación pública. Una de las críticas al exfiscal NHM fue su proximidad a muchas empresas asesoradas en su oficina, por lo cual sus críticos se remitían a una presunta subjetividad a la hora de obrar como ente investigador.  El ex-Attorney General de Barack Obama, Eric Holder, fue un exitoso abogado miembro de un reconocido bufete en los Estados Unidos, y esto no fue óbice para que el primer fiscal negro de ese país cumpliera a cabalidad con sus funciones. Claro, Holder siempre dijo durante las audiencias públicas previas a su designación quiénes fueron sus clientes y qué causas defendió durante su trabajo como abogado en el sector privado. Es bastante improbable encontrar a un abogado con experiencia que no haya ejercido su profesión en un sector diferente a la esfera de la Fiscalía. Lo ocurrido con NHM merece una lectura más profunda y no tan liviana al momento de descalificarlo por el hecho de venir del ámbito empresarial del derecho.

El panorama político obliga al presidente Iván Duque a enviar un mensaje de tranquilidad con el nuevo rector del “búnker” de la Fiscalía. En otras palabras, el nuevo jefe de esa entidad ojalá tenga más perfil duquista y menos relacionado con refriegas políticas que el presidente no debería heredar. La tranquilidad investigativa y judicial de ese cargo es necesaria. Hay que lograr que el elegido de esa terna cierre con ponderación los casos que esa oficina lleva y evite, a toda cosa, la apertura de un nuevo capítulo de venganzas o escándalos o fortines de eventuales campañas presidenciales.

La cabeza de esa institución requiere de una nueva generación de profesionales que lleguen con el ánimo de efectuar su labor con sentido profesional, igual o similar a la mayoría de quienes allí laboran en posiciones menos visibles, pero en el fondo son quienes logran mantenerla a flote. Las preocupaciones en materia de tendencias políticas de los ternados deben ser superadas por la forma y fondo como esas tres personas que postule el primer mandatario hayan actuado en su profesión. No podemos juzgar a priori a un funcionario por su origen político. Jorge Eliécer Gaitán decía, a propósito de nombramientos en los gabinetes de los presidentes en su época: “No importa quién va a ser el ministro, lo que importa es qué va a hacer el ministro”.

En eso debe radicar la discusión: escuchar y evaluar las hojas de vida de los ternados, pero leyendo en detalle lo que proponen y sus intenciones como nuevo fiscal.

@pedroviverost

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