Por: Humberto de la Calle

Se busca un enemigo

HOMBRE DE BUENAS ESTE URIBE.

En el campo religioso sin Lucifer, Yhavé queda manco. El bien sólo existe si hay confrontación con el mal. Y en política, la medida del éxito la dan los enemigos, no los amigos. Quizá por eso Chávez ha quedado descolocado después de la partida de Bush, a quien calificó como Satanás en plena Asamblea General de la ONU. Incluso dijo que había quedado un cierto olor a azufre en el podio después de la intervención del presidente de los Estados Unidos.

Chávez busca desesperadamente un enemigo. Como Obama no cuadra con el prototipo chocante del wasp (el gringo sajón blanco y protestante), ahora ha lanzado la tesis de que el actual presidente norteamericano es apenas un símbolo vacío y que el genuino enemigo, el auténtico centro del poder imperialista está por fuera de la Casa Blanca. Pero resulta que, en política, procesión sin santo no vale. Y eso del “establecimiento industrial-militar” es una noción muy vaga. Ante la escasez, Chávez se contenta con un adversario más cercano, pero de carne y hueso. Mientras aparece algo mejor, Uribe es el estafermo, ese maniquí giratorio que servía en las fiestas medievales para que cada caballero lo golpeara con su lanza.

Pero, repito, el ying necesita el yang, el positivo requiere el negativo y, en consecuencia, si Chávez necesita a Uribe, ahora que su economía estornuda, es claro que a Uribe también le sirve Chávez. En la puerta de un referendo para lograr su reelección, nada le sienta mejor a Uribe que la diatriba permanente y delirante de Chávez, quien volvió con la vieja lectura de la historia latinoamericana como una conspiración militar, con fundamento en un documento supuestamente del Comando Sur, el cual, como todo documento militar, construye escenarios de guerra sin que esa sea la política de un país. Es como si se acusara al epidemiólogo de promover la peste.

Agregue a esto que las Farc siguen haciendo de las suyas y, entonces, se comprenderá que este angustioso panorama sólo favorece a Uribe. Los demás candidatos en potencia apenas logran balbucear y es esa la razón por la cual estemos en frente de una “campaña boba”. En los albores de la Segunda Guerra Mundial, se hablaba de “drôle de guerre”, una guerra que no cuajaba. Así es la situación de la campaña. La importante propuesta estratégica de los independientes sobre la recuperación del Congreso, cae en el vacío. Y, pese a los esfuerzos notables de la miríada de candidatos, sus intervenciones apenas logran superar la fase del balbuceo mientras el binomio Farc-Chávez juega de manera rutilante el papel de jefe de debate de Uribe. Si hay referendo, basta con que Chávez haga explotar un cohete navideño en el río Arauca para que Uribe rompa el récord de votación.

Lo verdaderamente curioso es que la oposición criolla no se de cuenta de eso. Que el senador Dussán viaje a Caracas, con lo cual Chávez obtiene realce y escenario, y pone en marcha un peligroso caballo de Troya, sólo termina unificando más a la opinión pública en torno a Uribe.

Con amigos de esos… Dussán debería pedirle a Chávez que cierre el pico, al menos mientras pasan las elecciones.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Humberto de la Calle