Por: Cristo García Tapia

¡Se cae La Popa!

Sito en Cartagena de Indias, región Caribe de Colombia, el cerro de La Popa es una elevación montañosa aislada, 150 msnm, probablemente de origen marino, “descubierta” en 1510 por los conquistadores españoles, sobre cuya cúspide se erigió, por soñada petición de la virgen María a un monje español, un monasterio para fomentar su culto y espantar a los “infieles”, indios y esclavos africanos, que en ese sitio honraban, adoraban y rendían tributo a Buziraco, Cabro Uri, su divinidad atávica protectora.

No obstante los poderes, influencias y presupuestos agenciados por la omnipotente madre de Dios para que el monje ibérico concluyera la obra, en los términos y tiempos pactados en el sueño que dio origen al proyecto, Buziraco y sus asesores e interventores nada que lo dejaban avanzar, a pesar de los requerimientos de las contralorías celestiales y los celestinajes de poderosos arcángeles expertos en gestiones de pasillos.

Quién sabe si porque al poderoso jefe Buziraco nunca, ni pensarlo, le ofreció la Virgen María enjugarle las manos con mermelada. O quizá, y es más creíble, porque sus ministros, congresales y aliados, a sus espaldas obvio, la recibieron abundante y se lo brincaron en sus cachos.

Uno nunca sabe, pero en estos torcidos entre dios y el diablo, o entre Odebrecht y Colombia, o entre contratistas y congresistas, siempre algo se cuela y acaba siendo tal.

El caso es que el contratista del monasterio de marras acabó rodando cerro abajo, como cualquier cabrón, por los artilugios y mañas del todopoderoso Buziraco.

Hoy, cuatrocientos y tantos años después del derrumbamiento del monje contratista que le incumplió a la Virgen, al que van a dejar derrumbar los alcaldes contratistas y su cáfila de belitres es al cerro de La Popa, con convento y todo cuanto a su paso, personas, viviendas, comercios, vehículos, encuentre una avalancha de la magnitud de la que está por ocurrir en el cerro tutelar, turístico, religioso, comercial, de Cartagena de Indias.

Y todo por la incuria criminosa de sucesivos alcaldes, y han sido muchos en pocos años, de la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad que, desentendidos de la ciudad que administran apenas si saben que esa mole de piedra también puede ser sepultura colectiva de quien sabe cuántos  de los miles de cartageneros “usados” para hacerse con el baloto de la Alcaldía y dedicarse a sus anchas, como redivivos filibusteros, a menesteres más provechosos y utilitarios que el de atender sus deberes cívicos, constitucionales y legales con probidad, eficiencia, transparencia y decoro.

Entre la gula incontenible de la corrupción y la avaricia sin murallas ni fuertes para contenerla del clientelismo que porfía con todos los medios su ascenso económico, social y político en los presupuestos y rentas públicas, Cartagena vuelve a estar sitiada, presa en su desintegración, casi escombros.

Sin norte ni guía por donde embocar un destino menos tortuoso que pueda reivindicarla del clima de desentendimiento de sus problemas, del dejar hacer dejar pasar de sus estoicas gentes, de la avilantez de los conjurados de la alta corrupción, bendecida y santificada en los tabernáculos del poder metropolitano, Cartagena rodará cuesta abajo, se la tragará la avalancha del desmedro, como al cerro de la Popa y al monje del Cabrón.

Y saber, y dolernos, que para atender solo una, la más apremiada entre las múltiples que presenta Cartagena, la “fractura” del cerro de La Popa, y para evitar una tragedia inminente que costará billones al presupuesto público, solo bastaría poner manos a las obras del “plan de acción integral que permanece en pausa por falta de presupuesto”, cuya inversión total es nada, 12.000 millones de pesos, apenas denarios comparada con la recibida por los gestores de las adiciones de Odebrecht.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

 

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