Por: Luis Carvajal Basto

¿Se cayó la reelección de Uribe?

Desde que oponerse a la reelección sustituyó ideologías, programas, partidos y el mismo sentir de la opinión  en la política, es la primera vez desde 2002 que se reclama (no está claro si se obtiene) una derrota de Uribe. Pero el Presidente no ha jugado sus cartas.

Lo ocurrido con las mesas directivas del Congreso parece un gana-gana. Desde el Ministro del Interior hasta el Polo, pasando por el Liberalismo oficialista y Cambio Radical, consideran que, de alguna manera, impusieron sus criterios. ¿Puede ser?

En el Congreso cada quien cuida  de sus propios intereses,  pero eso es diferente a que el ejecutivo pierda gobernabilidad. Los proyectos de Ley, como en todas partes, seguirán siendo objeto de transacciones, aunque en Colombia no se diga.

En ese tira y afloje son importantes las expectativas y juega a fondo que el Presidente no manifieste aun la decisión de presentar su nombre, lo cual puede ser interpretado como una muestra de debilidad. Ante las dificultades para conquistar opinión, por parte de la oposición, sus baterías han enfilado a las posibilidades que ofrece la Ley y a convencerlo, a él y a los colombianos, de que no lo haga.

Lo observado en el Congreso muestra el desgaste de la coalición de gobierno, de la administración de ese escenario político, en cabeza del Ministro del Interior, y también la fragilidad de los Partidos, incluidos los “ganadores”, amparados ahora en la reforma política que permite “voltearse”, sin garantías, para nadie, de que esta sea la última vez.

“Contra la reelección todo se vale”, parece el lema de moda. Desde leguleyadas en forma de recusaciones para infundir temor, hasta  amenazas de gobiernos vecinos a los exportadores, con el mismo objetivo. Al fin de cuentas   sentimientos parecidos llevaron a la Presidencia al doctor Pastrana.

Claro que  en esta ocasión también juegan las aspiraciones legítimas de quienes quieren suceder al Presidente. Todo esto sumado, explica  las nuevas mesas directivas y define el momento político: los presidentes de Senado y Cámara  han logrado (¿) lo increíble: mostrarse  amigos y opositores de la reelección(¡)

Pero otra cosa es el capital político del Presidente en un escenario que hasta ahora no ha utilizado como candidato: el de la opinión. No se puede olvidar que el referendo es una iniciativa popular solicitada libremente por millones de personas.

Uribe actúa con responsabilidad y no ha recurrido a falsos Nacionalismos para responder a nuestros vecinos con fines electoreros, ni  exagerado la respuesta a quienes utilizan como caballo de batalla las metidas de pata de sus colaboradores. Parece más preocupado por la salud de las finanzas del Estado y su equilibrio, como lo demuestra el proyecto de reforma tributaria con efectos, apenas, en 2011.

Pero otra cosa sería nuestra política, incluso en este Congreso, con un Presidente- candidato, a lo cual lo podrían llevar tanto la ausencia de otro liderazgo que aglutine su proyecto, como el juego, a veces sucio, de quienes quieren llegar al gobierno a cualquier costo. No es lo mismo Uribe que  este Uribismo y  nadie ha sido derrotado sin competir.

En ese caso cambiarían las formas, el escenario y también el discurso que se utiliza en este año preelectoral. Hablaríamos menos de recusaciones y más de mayorías, menos de congreso y más de opinión pública, más de democracia y menos de zancadillas y confabulaciones, más de los problemas reales de los Colombianos y menos de los que se puedan crear con tal de “sacar” al Presidente.

 

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