Por: Marcos Peckel

Se cierra el cerco

Ángela Merkel y Emmanuel Macron deben estar sentados en sillas giratorias viendo cómo el cerco se cierra sobre la Europa democrática, liberal y unida, como las fuerzas centrífugas se aceleran amenazando con desgajar el gran proyecto europeo, la Europa forjada tras la Segunda Guerra Mundial por Konrad Adenauer y Robert Schumann entre otros.

El mas reciente descalabro sucedió en la tradicionalmente disfuncional Italia, donde las elecciones generales favorecieron a partidos xenófobos, antieuropeos, antiinmigrantes y antisistema. En ese panorama político, en el que Silvio Berlusconi –cuyo partido sacó un 14 % de los votos– aparece como el “estadista”, armar gobierno será un ejercicio de encontrar un muy mínimo común denominador. La romántica Italia, de las grandes marcas e industrias de diseño, ha sido una de las economías mas golpeadas desde la introducción del euro en 1999.

La social democracia europea, bastión del Estado de bienestar, desaparece a ritmo acelerado en Europa, reemplazada por partidos del mismo corte que llevaron a Europa a la hecatombe de la Segunda Guerra mundial. Sobrevive el partido laborista inglés, jalado por sus bases hacia un populismo de izquierda similar al de Podemos en España. La imposibilidad de controlar la política monetaria en los países del euro limita el marco de maniobra de las fuerzas políticas tradicionales para enfrentar los ciclos económicos. La clase media, soporte de la estabilidad europea, pierde su zona de confort y da origen a una sociedad fragmentada, con fuerzas políticas que cuestionan el orden imperante en el continente sin plantear alternativas.

Los países de Europa del Este desafían abiertamente a Bruselas, negándose a cumplir con las cuotas migratorias producto de la llegada de millones de refugiados musulmanes del Medio Oriente. Adicionalmente en Hungría, Polonia, República Checa y otros, la democracia liberal está en franca retirada, reemplazada por regímenes cuasiautoritarios en contravía de los sacrosantos “valores europeos”.

A Gran Bretaña le queda un año para negociar su salida definitiva de la Unión, sin que hasta ahora haya claridad de cómo va a ser su relación con Europa posbrexit.

Alemania, la del gran pacto social, baluarte de estabilidad y prosperidad, pasó cinco meses sin gobierno tras las últimas elecciones, que vieron a sus grandes partidos perder poder frente a nuevas agrupaciones políticas, incluida la extrema derecha. Finalmente, sin alternativa distinta, se conformó la misma desgastada coalición del centro derecha de Merkel y la social democracia que ha gobernado los últimos años.

Francia eligió presidente a Emmanuel Macron, un político sin partido, alejando, por ahora, la amenaza de la extrema derecha de Le Pen. Bruselas, sede de las instituciones europeas y su frondosa burocracia, tendrá que diseñar las reformas al tejido de la Unión en momentos que las crisis, económica y migratoria han amainado antes de que aparezca la siguiente y como un vendaval arrastre con todo. Entre tanto, Putin muerto de la risa en el Kremlin.

 

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