Por: Cartas de los lectores

Se clama cumplimiento

Se clama cumplimiento

Para lograr el éxito esperado en la implementación del Acuerdo de La Habana y soportar los embates contra este largo proceso dirigido a la consecución de la paz de todos los colombianos, debemos olvidar de una vez por todas y para siempre al señor que le “pega en la cara”, al que quiere “volver trizas” todo lo que huela a solución pacífica o a la que enviaría al “infierno” al equipo negociador; aunque nunca debe subestimarse al enemigo, ellos y sus cortesanos siendo peligrosos por su misma naturaleza, no son los más.

En cambio, quienes sí significan una auténtica bomba de tiempo para el Acuerdos y su respectiva implementación son los funcionarios del propio Gobierno, incluidos los militares y la policía, que deben definir, decidir y firmar los distintos actos administrativos; y quienes en el ámbito operativo deben ejecutarlas. Si muchos, desde la más modesta posición hasta quienes ocupan cargos privilegiados, hemos tratado de creer y defender todo este proyecto de futuro, no entendemos por qué se tiene la irresponsabilidad de incumplir aspectos elementales como la adecuación de las espacios donde permanecerán los integrantes de las Farc hasta llegar a su integración adecuada a la vida civil; o peor aún, asumir una actitud de desidia en zonas donde se sabe hasta la saciedad de la presencia del narcotráfico y paramilitares, donde se tiene certeza del inminente peligro de la población civil en cualquier enfrentamiento, como es el caso concreto de Tumaco, para luego escudarse en las disidencias. Eso no es justo ni equitativo ni saludable para nadie. Para todo esto el Gobierno debió prepararse, y debe obligatoriamente prepararse y asignar el presupuesto correspondiente.

Como en el caso de la salud, conociendo experiencias negativas que se dan todos los días con muertos a las puertas de las EPS, no se entiende a esos funcionarios que se niegan a firmar algo de significancia vital. Pero ahí están, de Saludcoop a Cafesalud y de ésta a Medimás. Se portan como verdaderas cámaras de gas. ¿Es tan difícil que cumplan con la misión y la visión de sus entidades? Esta burocracia que necesariamente está asociada a todo lo relacionado con la implementación del Acuerdo de La Habana (y de la salud, y de la educación y de tantas situaciones relativas a la calidad de vida de los colombianos y por ende de su bien vivir) es enfermiza, insensible, nefasta y corrupta en su gran mayoría.

El señor presidente de la República debe reparar en estos aspectos de los retrasos injustificados, porque nos negamos a creer que es desde la Presidencia donde se origina el incumplimiento. Como cualquier jefe que se respete, debería sacudir a esos ministros de escritorio que arruman documentos importantes para firmar, sabe dios cuándo. Por eso, no nos espanta ya la podredumbre de muchos magistrados y demás. Y ojo con los mandos medios, que son peores.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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