Por: Alvaro Forero Tascón

¿Se fortaleció el Sí o el No con la legalización de los acuerdos de paz?

Terminada la etapa de estructuración del proceso de paz con las Farc, quedan dos preguntas: si éste se debilitó en el tránsito de acuerdo de Gobierno a acuerdo de Estado, y si con ello se fortalecieron electoralmente los sectores del No.

Aparentemente, sí. La Corte Constitucional y el Congreso introdujeron cambios de fondo a los acuerdos. Dos temas centrales, la reforma política y la de tierras, no fueron implementados, entre otros. Se sembraron dudas sobre la independencia de los magistrados de la JEP y miembros de la Comisión de la Verdad. Quedó la sensación de que el vaso de la implementación de los acuerdos está medio vacío. Y la falta de entusiasmo nacional con el proceso no mejoró ni con la entrega de las armas. En lo político cambió la tendencia legislativa y la relación de fuerzas cuando Germán Vargas, a través de Cambio Radical y jalando a una parte del Partido Conservador, debilitó la coalición propaz.

Pero esa puede ser una lectura mediática y simplista. Lo que sucedió es que el proceso de paz logró salir adelante en medio de un fuego político “amigo” de una intensidad y un populismo solo similar al de la confrontación liberal-conservadora de los años 40, que terminó en violencia. Con ello consiguió lo que no había logrado en los últimos seis años: legitimidad política, adquirida al pasar todas las pruebas judiciales y legislativas, y hacerlo acomodando democráticamente todas las peticiones de los opositores, excepto las dirigidas a no permitir la paz: cárcel y muerte política de los jefes de las Farc. Fue la Corte Constitucional la que dirimió la disputa sobre los derechos de la FARC a hacer política y a una justicia restaurativa, desechando la tesis de que los acuerdos de paz violaban las instituciones y la Constitución, e imponiendo el derecho de los terceros a comparecer voluntariamente a la JEP.

Pero la pregunta de fondo es cuáles serán las consecuencias electorales de que el Gobierno Santos hubiera escogido el camino de apaciguar a los enemigos del proceso de paz utilizando todos los controles de la democracia. ¿Con ello debilitó o fortaleció las acusaciones populistas de la oposición sobre “la entrega del país a las Farc” y la amenaza castrochavista?

Contrario a la apariencia, es posible que la estrategia de Santos haya debilitado la fuerza política del No. Por una parte, permitió diluir a sus voceros con la entrada de un candidato presidencial fuerte que apoya el Sí pero introduce con éxito limitaciones a los acuerdos, haciéndolos menos contenciosos políticamente. Por otra parte, las encuestas muestran que el tema del proceso de paz no está dentro de las prioridades de los votantes, y los candidatos del No llevan meses en el sótano en materia de intención de voto. Y el proceso ha ido desvirtuando los miedos que promovía el No, como la ideología de género, que las Farc no entregarían las armas, que Santos usaría poderes dictatoriales como el gobierno venezolano, etc.

El plebiscito, el mayor acto de apaciguamiento y reconocido como un error político del Gobierno, puede haber forzado a la oposición a legitimar los acuerdos con sus más de 50 modificaciones, anticipado la pelea electoral sobre la paz y liberado del tema a la elección de 2018.

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