Por: Iván Mejía Álvarez

Se le dijo, se le advirtió…

Como decía Hebert Castro, aquel famosos humorista uruguayo que durante años hizo reír a medio país, a Pinto se le dijo, se le advirtió, se le anunció, se le avisó y no hizo caso... se pasó el consejo por la faja, se hizo el de la vista gorda, no quiso escuchar y al final todo salió como estaba previsto: Falcao no vino al amistoso contra Venezuela, el técnico se desmelenó y sin ninguna cortesía o respeto a los códigos internacionales la emprendió contra River, su dirigencia, su cuerpo técnico y de acá para adelante la selección tendrá que atenerse a las consecuencias de la torpe intransigencia del técnico, empecinado en demostrar que él es quien manda y que es la única Coca Cola del desierto.

Es cierto que River firmó un compromiso para conseguir que la selección le facilitara el jugador para el choque de la Santander Libertadores ante la Universidad Católica, pero no menos cierto es que Pinto se equivocó al liberar a los jugadores de Cúcuta y Nacional, por obvias razones, y no convocar a Fabián Vargas para permitirle jugar con Boca. La dirigencia de River consideró que Pinto deseaba perjudicar solamente al club de la banda roja, que el amistoso internacional no pactado en fecha Fifa no obligaba a la cesión del jugador y se sintió protegido para irrespetar la palabra empeñada en su momento.

El asunto fue mal llevado desde un principio y debe servir para varias reflexiones. Ese tipo de arreglos, esa diplomacia, entre clubes particulares y la Federación, debe asumirla el presidente Bedoya o don Ramón y por ningún motivo permitir que el capricho veleidoso de Pinto sea el que maneje los hilos de la tramoya de los préstamos de jugadores. Ya se sabe cómo es Pinto y su ‘estilito’.

El técnico no necesitaba a Falcao y tenerlo era sólo una cuestión de autoritarismo, de ego inflado. “A mí no me van a irrespetar”, y a pesar de que fueron muchos los medios y allegados que le advirtieron que era innecesario crear una fricción, el carácter del técnico estuvo por encima de la lógica.

Se dilapidó una buena oportunidad para poner a River contra la pared. Si se hubiera actuado con sentido común, lo más elemental era llamar al club argentino y recordarle el compromiso y en forma amistosa comprometerlo para futuras oportunidades en que realmente Falcao fuera importante. Para ese amistoso de ‘media petaca’ en Bucaramanga no era necesario, no era tan imprescindible como Pinto quiso hacerle creer a la gente. Hoy, River debería dos favores y en futuras oportunidades se sacaría provecho de esa situación. Esa era la lógica y la racional, pero se hizo la otra, la prepotente e inamistosa de forzar a River. Las consecuencias ya se verán, ya se verán.

El argumento de Pinto de querer ver a Falcao suena a ridículo. Si no lo ha visto, es recomendable que se compre un televisor, en Fox Sports lo presentan cada tres días y, la verdad, anda muy bien…

¿Y el jugador? No quería venir, se sentía molesto porque lo alejaban de la titular de River y se perdería el choque de Copa Santander contra San Lorenzo y el ‘superclásico’ contra Boca. Traerlo forzado, por encima de la racionalidad, era convocar un jugador a disgusto y Pinto lo sabe, pero eso a él no le importa, porque “yo soy el que manda”.

Don Luis, maneje usted esos temas, no los deje en manos del carácter de Pinto y así se evitará más dolores de cabeza y llamadas dando explicaciones y brindando excusas.

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