Se les esfumó el fantasma del comunismo

La más reciente marcha de 1’300.000 espontáneos contra la tiranía económica en Santiago de Chile pone en ridículo a los apolillados que adjudican la protesta al desapacible, infecundo Maduro. Desde la caída del muro de Berlín y de la dictadura de Pinochet, hace 30 años, el fantasma del comunismo comeniños es sobre todo eso: un ente incorpóreo, imaginario, pero eficientísimo recurso de pánico para avasallar a la opinión. Enseña hurtada al discurso de la Guerra Fría, ha servido la amenaza roja para ocultar allá, acá, en el orbe todo, el envilecimiento de la democracia a manos de quienes la convirtieron en crecimiento con inequidad y corrupción disparada por la privatización sin controles de los servicios del Estado.

Retorno al capitalismo extorsionista que le arranca a la gente hasta el último peso —téngalo o no— para depositarlo en la bolsa de pícaros que se enriquecieron en la dictadura y no se sacian todavía. El presidente Piñera comprendido, que repitió el estribillo de rigor. Estamos en guerra contra un enemigo poderoso dispuesto a usar la violencia contra la democracia, declaró. Mas se le escurrió el salvavidas en la mar de chilenos indignados que no persiguen el comunismo sino “menos empresa privada y más Estado”. El senador Lagos le espetó: no estamos en guerra, enfrentamos una crisis política cuyo fondo es la desigualdad.

 

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