"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Se les olvidó la dignidad

Francamente creí que con el regreso de María del Pilar Hurtado, luego de que en su contra se expidiera por la Interpol una circular roja para detenerla, el uribismo estaría interesado en las resultas del proceso penal que enfrenta la exdirectora del DAS, pero más en ofrecer explicaciones decentes al país.

Lamentablemente, como sucede con todo lo del Centro Demoníaco, lo único que les importa es provocar que la absuelvan como sea.

Claro que María del Pilar tiene derecho a buscar ser exonerada, así no haya hecho méritos para eso. Pero lo que es patético es que sus compañeros de gobierno no se hayan preocupado de justificar ante la Nación si lo que hicieron en esos años de abusos en el uso de la inteligencia estuvo bien hecho. Eso nunca les ha importado, porque calculan que podrán manipular la historia como lo hacen hoy con el presente.

Álvaro Uribe, con tan buenos contactos en ciertas brigadas militares y en las cárceles de máxima seguridad, ha vociferado esta semana, insultando aquí y denigrando allá, pero sin dar un argumento plausible que justifique el trasegar errático del DAS espiando a opositores, críticos, magistrados o participando en montajes. En medio de esa gritería por Twitter en la que es especialista, Uribe intentó justificar los actos atroces del DAS de María del Pilar Hurtado, alegando que se habían ejecutado por razones de seguridad nacional. Y tal explicación ofende la inteligencia, además de que confirma la ilicitud de lo que fue ese lánguido período de la historia patria, durante el cual, a la usanza de las más oprobiosas dictaduras, el régimen se metió ilegalmente en la vida privada de muchos y se hizo tan temible como detestable.

En efecto, qué tuvo que ver con la seguridad nacional que el DAS se hubiese valido del delincuente alias Tasmania para tratar de enlodar precisamente al funcionario que estaba investigando penalmente por parapolítica al primo del presidente. O qué relación hay entre la seguridad nacional con que la agencia civil de inteligencia del Estado pusiera una grabadora debajo de la mesa de las deliberaciones de la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia. O de qué pudo haberle servido a esa cacareada seguridad nacional que el DAS hubiese diseñado una estrategia para ponerle estafetas en las inmediaciones de la casa del periodista Daniel Coronell, u organizado campañas para elaborar expedientes contentivos de los patrimonios del doctor César Julio Valencia Copete o de este columnista. Las respuestas a estos interrogantes son obvias. Al rompe se advierte que la tal seguridad nacional fue sólo un pretexto para delinquir.

Si en verdad todo lo que se hizo durante los dos mandatos de Uribe hubiese sido en beneficio de la seguridad nacional, como con cinismo lo pregona el hoy senador, su gobierno no habría tenido necesidad de liquidar el DAS, como tuvieron que hacerlo ante la imposibilidad de enmendar las imborrables faltas. Eso puede que el expresidente lo haya olvidado, pero no todos tenemos tan mala memoria.

Lo único rescatable de este confuso episodio es que ya Uribe no niega los hechos graves en que se vieron envueltos sus cercanos, sino que los intenta justificar con el imposible moral de que eran operaciones de inteligencia para salvaguardar la seguridad nacional. Es el talante uribista exculparse con artificios sin ofrecer excusas. Algo similar le está pasando al doctor Óscar Iván Zuluaga, quien durante la campaña presidencial se hizo el loco cuando le preguntaban si él era el que aparecía en el video compartiendo información de inteligencia con el hacker Sepúlveda, versión que atemperó para reconocer que sí era él pero que le editaron su voz. Claro, todo eso acompasado con el estribillo mentiroso de que ellos, perseguidores a ultranza, son ahora supuestamente perseguidos.

Qué vaina, perdieron la vergüenza. No han entendido que el juicio es ante la historia. Más que exonerar a María del Pilar, el problema es que el pueblo jamás los absolverá.

Adenda. El experimento del Día sin Carro no tiene pies ni cabeza. Un día lleno de trancones, con Transmilenio a reventar de usuarios insatisfechos y los carros de escoltas dueños de la ciudad.

 

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