Se presentaron más de 40 grupos y unos 300 artistas en cuatro escenarios

hace 13 horas
Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Se llegó al punto de quiebre?

Según el último Informe Mundial sobre Drogas 2019, de la ONU, el aumento de los cultivos ilícitos provocó que el país batiera un récord en la producción de cocaína en el 2018. La misma organización ya había advertido el injustificable aumento de hectáreas durante los ocho años del gobierno de Santos, y ahora las consecuencias se reflejan en el mercado: Colombia produce cerca del 70 % de la cocaína del mundo.

Pero todo parece indicar que el Gobierno de Duque ha logrado reversar el funesto crecimiento exponencial que caracterizó la anterior administración. Según informe del diario El Tiempo, “tanto los cultivos de coca como la producción potencial de este alcaloide finalmente han dejado de expandirse en el país. Eso al menos es lo que sugieren las nuevas estadísticas sobre las plantaciones de esta droga en Colombia que fueron presentadas este miércoles por la Casa Blanca”. De acuerdo con la evaluación de la Oficina Nacional para las Políticas sobre el Control de Drogas (ONDCP), durante el 2018 fueron detectadas 208.000 hectáreas sembradas con coca, una leve reducción frente a los 209.000 que contabilizaron los estadounidenses en el 2017. Así mismo, la producción de cocaína pura se redujo levemente: de 900 toneladas métricas en 2017 a 887 en el 2018. Según los estimados de ONDCP para el 2018, los cultivos y producción de coca en Colombia se están estabilizando, aunque permanecen. En su comunicado, la Casa Blanca deja claro que los niveles actuales siguen siendo de los más altos en toda la historia y todavía muy lejos de los niveles del 2012 y 2013, cuando se logró reducir los cultivos a solo 48.000 hectáreas.

En sus primeras declaraciones al respecto, el subdirector de Política Nacional de Control de Drogas (ONDCP) de EE. UU., Jim Carroll, afirmó: “Desde que asumió el poder en agosto de 2018, el presidente Duque ha incrementado los esfuerzos antinarcóticos, atacando laboratorios y narcotraficantes, y cuadruplicando el número de equipos que erradican y que han logrado (eliminar) un 56 % más de coca al mes comparado con el gobierno anterior”.

Llegar al punto de quiebre es fundamental porque nada, absolutamente nada, le ha hecho más daño a Colombia que el narcotráfico y sus secuelas. El connotado analista Juan Manuel Ospina, en su columna de ElEspectador.com, expone sin tapujos los desaciertos del Acuerdo de La Habana, donde desconocieron y minimizaron el papel que el narcotráfico ha jugado en el conflicto armado colombiano : “el narcotráfico que no solo infiltró sino que desnaturalizó lo que en sus orígenes era un conflicto armado con raíces y motivaciones políticas; le dio el combustible económico para que se prolongara indefinidamente en el tiempo, en un proceso de degradación continuado que llevó a su rechazo por una grandísima mayoría de colombianos. De esas ambigüedades de los Acuerdos en torno a un asunto tan crítico, supuestamente para proteger a los campesinos cultivadores, nacen muchos de los problemas y diferencias que se presentan actualmente para su implementación, relacionados directamente con el negocio maldito. Es indudable que a la sombra de los Acuerdos aumentó drásticamente el área sembrada y la producción, a costa de una gran deforestación, incluida la de la valiosa selva de la Amazonia”.

El riesgo de decir estas verdades es que, después de lapidarlo, lo crucifiquen a uno como “enemigo de la paz”.

* Por razones de viaje, esta columna dejará de aparecer las próximas tres semanas.

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