Por: Felipe Zuleta Lleras

Se nos pudrió el alma

Definitivamente a este país ya no lo conmueve absolutamente nada. Más de 50 años de guerra lograron que la muerte se volviera el pan diario de cada día. El corazón se nos llenó de mierda. Nos acostumbramos a las atrocidades.

Lo digo porque semanalmente están asesinando a niños y niñas, después de haber sido violados. Cada 22 minutos un menor es abusado. Y eso ya no nos conmueve ni nos afecta. Y esa indolencia frente a estos actos criminales no solo proviene del triste hecho de habernos acostumbrado a ellos sino además a las redes sociales. La banalización de los temas y la inmediatez de Twitter han hecho que los asesinatos de nuestros niños y niñas pasen por la agenda del país con una rapidez escalofriante. En cualquier sociedad medianamente civilizada el asesinato de un niño paraliza a la sociedad, mueve las fibras de los ciudadanos, genera toda clase de solidaridades. En Colombia sólo las familias y amiguitos de las víctimas sufren por sus crímenes.

Esta semana fue violada y asesinada la niña Karen García, una pequeña de 11 años de quien ahora sabemos escribía y era líder entre sus compañeritos de curso. Fue nombrada gobernadora indígena en su colegio y como tal ejercía. Contaba una de sus profesoras que Karen era la que les inyectaba optimismo cuando algo malo les pasaba. Karen era, sin lugar a dudas, un ángel de la guarda de sus profesores, familiares y amigos.

La mataron vilmente y ni siquiera fue tendencia en Twitter. Todos esos tuiteros tan activos y tan opinadores no se enteraron del crimen de Karen y, si lo hicieron, prefirieron mover sus propios temas para conseguir más seguidores que les inflen sus vanidosos egos. Ellos, promoviendo sus columnas y sus odios, no se han dado cuenta de que en Colombia son violadas 55 niñas y adolescentes en Colombia cada día (según cifras de Medicina Legal).

Pero claro, qué les va a importar si son niñas de familias indígenas, campesinas, humildes. No son niñas del norte de Bogotá, ni tienen apellidos rimbombantes, ni juegan en el Country Club, ni van a los colegios prestigiosos.

Una sociedad que no cuida a sus menores no es una sociedad viable y Colombia no lo es. No fuimos capaces de salvar a nuestros niños y niñas. Como sociedad nos ha pasado lo peor que le puede pasar a un país: nos acostumbramos a las violaciones y asesinatos de nuestras niñas y nuestros niños. Se nos pudrió el alma.

Notícula. “Lambeculos, enmermelado, rico de mierda, ojalá le pongan una lápida en el culo, viejo cacorro, muérase viejo marica”, son algunos de los gentiles, delicados y elegantes comentarios a mi columna de la semana pasada defendiendo la gestión de Peñalosa. Por supuesto que intuyo que los petristas, demostrando su tolerancia y su decencia, estuvieron bastante ocupados insultándome. Les dolió en el alma porque saben que Petro destrozó a la ciudad. Perdieron su tiempo, amigos, pues no me callaré ni dejaré de decir las verdades, así les duela. Dios los bendiga, tranquilícense y sanen.

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2019-07-28T00:00:26-05:00

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2019-07-28T00:15:01-05:00

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