Por: Antonio Casale

Se puede soñar

Durante seis meses nos devanamos los sesos pensando en la manera como la selección de Colombia podría romper la temible defensa de Grecia.

Pensamos que iba a ser cuestión de paciencia, de martillar, de sufrir como en los viejos tiempos para encontrar algún gol en el ocaso del partido.

Pero los muchachos de José Pékerman se demoraron poquísimos minutos para hacerlo. La magia de Juan Guillermo Cuadrado y James Rodríguez apareció antes de lo esperado y la definición de Pablito Armero, aunque chueca, terminó en el fondo. Gracias a esa jugada el miedo escénico que supone el debut en el Mundial pasó a mejor vida rápidamente.

A partir de ahí, la selección de Colombia cedió la pelota, pero los griegos no tenían cómo hacer daño. Tendrían que haber hecho lo que no están acostumbrados a hacer: atacar. Nunca fueron importantes, en parte gracias al arquero David Ospina y en parte porque en el segundo tiempo Colombia corrigió la cobertura del medio campo y con esa acción mantuvo lejos al contrario.

En materia ofensiva, Colombia lo hizo muy bien. Nuestros hombres no fueron inferiores a la responsabilidad y pareció como si tuvieran la experiencia de los griegos. Demostraron que hay con qué soñar.

Sin embargo, es menester mantener la calma. Los triunfalismos no son buenos. Contra la selección de Costa de Marfil será otra historia, este jueves, y ojalá se confirme rápidamente la clasificación a la segunda ronda, pero para ello habrá que repetir lo hecho en la tarde del sábado en Belo Horizonte.

Por último, es necesario decir que Colombia juega de local en Brasil. Por momentos parecía que estuviéramos en Barranquilla en las eliminatorias suramericanas. La gente puso lo suyo, los jugadores también. Mesura. Se dio el primer paso, pero falta otro para clasificar. Se puede soñar.

ANTONIO CASALE

 

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