Por: Beatriz Miranda

¿Se pueden construir economías inclusivas y solidarias?

El 14 de septiembre, se divulgó en Ginebra  el  nuevo informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para Comercio y Desarrollo (UNCTAD)   denominado: “Trade and Development Report, 2017: Beyond Austerity Towards a Global New Deal", el cual sugiere una ruta política alternativa para la construcción de economías más inclusivas y solidarias y se solicita un pacto global, por medio del cual las personas tengan prioridad sobre las ganancias.

El documento reitera que  hasta ahora  la economía global no ha encontrado un camino para la recuperación. Este año el crecimiento global deberá alcanzar 2,6%, América Latina 1,2% y la zona del Euro 1,8%. Se considera que uno de los  principales obstáculos para el crecimiento es la austeridad fiscal y destaca que de  las 14 economías más desarrolladas 13 han adoptado políticas de austeridad entre 2011 y 2015.

El escenario actual es todavía de un comercio retraído, aunque se destaque la recuperación del comercio Sur-Sur, liderado por China. Esto indica que  la estabilidad del bajo crecimiento económico global dependerá de cambios significativos y duraderos en las economías emergentes,  pero las incertidumbres reales e inducidas con relación a los precios de los commodities persisten.

En el documento, emergen otras preocupaciones: instabilidad política, incremento del nivel de endeudamiento, tasas de interés en Estados Unidos más alta, dólar más fortalecido. Se enfatiza que la robotización y la  discriminación de género afecta el mercado laboral tanto en los países desarrollado como en desarrollo.       

Se considera que para que haya un verdadero cambio sería necesario poner fin a la  austeridad fiscal, detener las ganancias sobredimensionadas de las empresas, crear empleos e invertir en infraestructura.

Según Richard Kozul-Wright, uno de los autores del informe “dos de las principales tendencias socioeconómicas de las últimas décadas fueron la explosión de endeudamiento y el ascenso de las super élites o sea 1% está en la cima de la pirámide”, lo que demuestra un ámbito de enorme desigualdad estructural.

En un contexto de hiperglobalización, desigualdad e inestabilidad no se separan y crean un mundo con “niveles insuficientes de inversión productiva, empleos precarios y debilitamiento de protección social.”

En el documento advierten que la incapacidad de detener o disminuir el impacto de la hiperglobalización afectará la cohesión social y sobre todo disminuirá el grado de confianza tanto en los mercados como en los políticos.

Después de una década de crisis, el sector financiero  el causante de la hecatombe de 2008, sigue dominando. El Secretario-General de UNCTAD Mukhisa Kituyi afirmó “que los cofres públicos fueron generosamente utilizados para impedir la quiebra del sector financiero en 2007/ 2008, pero las causas profundas de la inestabilidad financiera no fueron abordadas por  los gobiernos nacionales o en escala global.” Se estima que los activos del sector bancario en países desarrollados exceden a  la renta global.

Es necesario un plan más amplio y efectivo para afrontar las asimetrías nacionales e internacionales en lo que se refiere “al conocimiento tecnológico, poder de mercado e influencia política”.

El informe evoca el espíritu de 1947, año en que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el  Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio  (GATT) y las Naciones Unidas se  unieron   para reequilibrar la economía de la Pos Guerra. Hoy el propósito es combatir las asimetrías del mundo globalizado.

Ojalá,  América Latina, en sus diferentes tendencias, haga una  lectura apropiada de este documento.

*Profesora Universidad Externado de Colombia

 

 

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