Por: José Roberto Acosta

Se rajó Grecia

En apariencia el rescate a Grecia la revive, pero implica un default (no pago) selectivo de su deuda pública con recorte o pérdida del valor presente en cerca del 21%, aunque reconocerlo como tal, flaco favor les haría a los nerviosos mercados.

Los bancos acreedores no tenían otra que aceptar darse la pela. Grecia no tiene cómo pagar, ni ahora ni tal vez nunca, así que recortar sus pretensiones era la única salida “contable” por parte de banqueros irresponsables, que soltaron tantos recursos a este problemático país, sin pensar que tarde o temprano esa dinámica colapsaría.

Como he repetido en esta misma columna, este salvamento no fue para los griegos, sino para la banca europea, establecida en Alemania y Francia. La hipocresía del mensaje es necesaria para que el descontento popular que se desprenderá del Plan de Ajuste que se impondrá no desestabilice a un gobierno nuevo que poco o nada puede hacer por salir del atolladero. Se habla de un Plan Marshall, como el aplicado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial para salvar a Alemania, pero nadie sabe de qué se trata la supuesta ayuda en este frente.

El problema no es la impagable deuda griega, sino su estancado crecimiento, su elevado desempleo y sus inexistentes expectativas de recuperación. Nada se saca con arreglar contablemente sobre el papel la insolvencia del corto plazo, si en el largo plazo el problema persiste. Si no hay ingreso, no habrá con qué pagar la deuda, y es precisamente la falta de ingreso permanente del ciudadano y empresariado griego lo que está en juego.

Los mercados recuperaron en la semana buena parte del terreno perdido, pero dudo que los problemas hayan desaparecido. Italia, España, Portugal e Irlanda siguen en la lista de enfermos a ser tratados y nadie tiene una idea diferente que esa reestructuración disfrazada aplicada en Grecia. Las toneladas de euros que el plan de salvamento necesita generarán problemas adicionales y si esta inyección de adrenalina monetaria no funciona, la recaída será peor.

En Estados Unidos el dilema es parecido: más deuda para patear más lejos el tarro, pero sin solución estructural a la falta de empleo, que es definitivamente lo que se necesita. Hay que ser desconfiado de estos cantos de sirena.

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