Por: Cecilia Orozco Tascón

Se sabía quién era Bustos

“Ante la gravedad de las imputaciones realizadas por la señora Cecilia Orozco Tascón contra los magistrados, la Sala (Penal de la Corte Suprema) informa a la opinión pública que procederá a instaurar denuncia penal en su contra por los delitos de injuria y calumnia, ante la Fiscalía General de la Nación” (23 agosto, 2012): comunicado de prensa leído ante decenas de reporteros por el presidente de esa sala, Leonidas Bustos. En otro aparte de ese comunicado, que despertó una avalancha de informaciones por la insólita decisión de la cúpula de la Justicia de iniciar una acción contra una periodista indefensa frente a un sistema judicial manejado por sus denunciantes, también se leía: “Se ofrecen infundadas, torcidas, descomedidas y denigrantes las afirmaciones de la columnista de El Espectador para referirse a nuestro presidente (Bustos), al atribuirle liderazgo en la conformación de «una oscura trinca» interesada en amparar la impunidad hacia el futuro…” (ver).

Ese incidente, propio de regímenes autoritarios, sucedió, vean ustedes qué curiosidad, hoy hace exactamente cinco años. Lejos estaba Bustos de imaginar por las que estaría pasando un lustro después de su baladronada puesto que, para entonces, era uno de los más poderosos miembros de la Suprema, corporación que también presidió en 2015 cuando doblegó los votos de la mayoría de sus colegas que terminaban acatándolo más por temor que por respeto. Así era: el personaje que ahora está en el ojo del huracán mangoneaba la Corte, excepción hecha de unos pocos togados que resistían sus malos tratos y, ante todo, la manipulación de los procesos que entraban en su foco de interés.

Me disculpo por citar un episodio que me involucra, pero este adquiere actualidad debido a las grabaciones de la DEA que revelan cómo un abogado socio de Gustavo Moreno, el corrupto director anticorrupción de Néstor Humberto Martínez, se jactaba ante un exgobernador fugitivo (Lyons) de pertenecer a una red de alto vuelo integrada por él y otros litigantes que iniciaban las operaciones de soborno, y por Bustos y otros dos expresidentes de la misma Corte (Ricaurte y Tarquino) que torcían las sentencias a favor de quien les pagara coimas de entre 1.000 y 3.000 millones de pesos.

También es interesante recordar el momento en que Bustos trató de silenciar mis críticas, más que por mi suerte, porque ese fue uno de los capítulos más significativos de la degradación moral de la Justicia y, simultáneamente, de la indiferencia con que el país miraba la caída en picada de la dirigencia judicial. La ira contra esta periodista, del que llegó a ser también interlocutor frente a los demás sectores del Estado, se produjo por una columna en que rendí homenaje al magistrado auxiliar y coordinador de los procesos de la parapolítica Iván Velásquez (ver), quien, pese a su fama continental de juez probo, fue obligado a renunciar por Bustos y a irse al exterior porque, claro, sus investigaciones independientes contra los políticos dispuestos a pagar por su absolución le estorbaban enormemente al presidente de la Sala Penal.

Hoy, 23 de agosto de 2017, Velásquez ostenta el honroso cargo de director de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala por designación del secretario general de la ONU y es admirado por la gente de bien de esa nación centroamericana. Y Bustos está escondido en algún lugar, pero en la picota pública. En ocasiones, la historia pone a cada uno en el sitio que corresponde. A pesar de que al comisionado Velásquez todavía lo persiguen, con montajes, los políticos corruptos tanto de Colombia como de Guatemala, su decencia no tiene duda. Sobre Bustos tampoco hay duda… pero de su falta de decoro, por decir lo menos.

Entre paréntesis. El expresidente de la Suprema fue el elector mayor del actual fiscal general (organizador interno de su campaña). El fiscal elegido nombró al aliado de Bustos en su negocio de venta de fallos (Moreno) como director anticorrupción, es decir, como jefe de las investigaciones que podrían afectar a sus “clientes” y los de Bustos. Y, ¿Martínez insiste en que nombró a Moreno por sus méritos académicos?

 

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