Sirirí

¿Se saldrán con la suya?

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No sé si recuerdan la defenestración que sufrió hace unos meses la estatua del fundador de Popayán, don Sebastián de Belalcázar. Un grupillo de guambianos —de esos que portan celulares y manejan motos y pequeñas camionetas, porque las de alta gama están reservadas para la alta burocracia indígena— subió al cerro del Morro en la Ciudad Blanca e hizo trizas la egregia figura de este conquistador, que ahora resultó ser una porquería, un criminal y un personaje execrable.

Pues cómo les parece que mientras se está rehaciendo el rostro de Belalcázar, tomando como modelo la cara de la estatua homónima que reposa en Cali —la cual iba a correr igual suerte—, por otro lado un artista le está dando los últimos retoques al cacique Payán y está entusiasmadísimo con el encargo.

Tal obra de arte se inició en octubre pasado y se prevé que en abril próximo esté lista para ser colocada en el sitio que fue ocupado por don Sebas durante varios años, cuya escultura también está a punto de ser concluida para ubicarla en el mismo lugar.

Todo parece indicar que los payaneses, a falta de una, tendrán dos estatuas y yo no sé cómo van a hacer para acomodarlas, guardando lógicamente el distanciamiento social, y también ignoro si ambas estarán mirando hacia el valle de Pubenza, Coconuco o Puracé.

Hay que resaltar que la estatua del cacique de marras no cuenta con la aprobación de las entidades rectoras de los monumentos para su instalación y, si se le adelanta a la de Belalcázar, quién sabe cómo se va a manejar el maní.

Los promotores de la nueva estatua dicen que llegarán hasta las últimas consecuencias y que nada ni nadie les va a prohibir la reivindicación y los honores que merece el cacique Payán en el cerro del Morro. Quienes están restañando la estatua del fundador expresan que contra viento y marea Sebastián volverá al sitial que le pertenece.

¿Quién ganará ese pulso?

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