Por: Felipe Zuleta Lleras

Se tiene que acabar

SE RASGARÁN LAS VESTIDURAS LOS mamertos, pero la verdad es que lo mejor que le puede pasar a la democracia colombiana es que desaparezca la Comisión Nacional de Televisión (CNTV).

Esta entidad se ha gastado en quince años cientos de millones de dólares en hacer un remedo de televisión pública, costosa y de muy deplorable factura, y en sostener un burocracia que es un fortín en el que laboran parientes y recomendados de los congresistas, de los altos tribunales y de los organismos de control, razón por la cual hasta ahora ha sido imposible su desaparición.

Uribe en el programa de su primer gobierno prometió la desaparición de la entidad. Sin embargo, pronto se dio cuenta del botín que perdería y prefirió volverla una sirvienta del Ejecutivo, nombrando como sus representantes a funcionarios de bajo nivel que nunca se opusieron a servirles a los amigos del pasado gobierno. Esto es algo que el presidente Santos debería remediar designando inmediatamente a personas de su confianza, con experiencia y respetabilidad.

Francamente es un descaro que la entidad venga a hablar de pluralismo informativo y de impedir prácticas monopolísticas para defender su supervivencia. La CNTV hace cuatro años expidió una regulación para permitir que el señor Juan Gonzalo Ángel armara un emporio de redes hechizas que le vendió después a Telmex a cambio de una fortuna. De esta forma la entidad creada constitucionalmente para garantizar el acceso democrático a la televisión le entregó al señor Carlos Slim en bandeja de plata la posición dominante para armar el triple play que amenaza arruinar a empresas públicas de telefonía. La tolerancia de la CNTV con los operadores de televisión por suscripción es inaudita. Esta es la hora en la que ya les prorrogaron sus contratos de concesión y ni siquiera les han fijado el precio por tal concepto. Es un ejemplo mundial de captura del regulador.

El bochornoso espectáculo del tercer canal es otra muestra de que la entidad es una incapaz que, mientras desaparece, debería ser declarada en interdicción para evitar que siga haciendo daño y malgastando el dinero público.

El futuro político y el carácter del ministro Germán Vargas constituyen sin duda alguna una garantía de que esta vez por fin se logrará el objetivo de acabar con esa nefasta entidad.

En cuanto a que la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) sea quien asuma las funciones de regulación de la televisión, considero que es una solución razonable. A diferencia de la CNTV, la CRC tiene mucho que mostrar en cuanto a meter en cintura a los grandes operadores. Recuérdese que en el pasado redujo drásticamente el costo de las llamadas fijo-móvil, con lo que le ahorró millones de dólares a los consumidores y les quitó una jugosa renta monopólica a las multinacionales. Eso sí, la CRC necesitaría un considerable fortalecimiento para no saturarla. Ante la inoperancia de todas las demás entidades, incluido el Ministerio de las TIC, cada vez tiene más funciones.

 

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