Se trata de crear empleos, no de suprimirlos

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Los empleos y trabajos públicos no necesariamente significan más impuestos. Las propuestas de un prestante dirigente gremial en el sentido de reducir gasto e inversión pública para reactivar la economía son exactamente lo contrario de lo que debemos hacer. Los remedios habituales no surten los efectos esperados en tiempos de insuficiencia en la demanda y de coronavirus.

Las recetas de adelgazamiento del Estado y reducción de impuestos, debe reconocerse, han tenido sus momentos para promover inversión y potenciar, en episodios precisos, a una indispensable iniciativa privada. Sin avanzar en la discusión sobre su conveniencia, sin embargo, debemos advertir que no pueden convertirse en dogma, mucho menos en un momento en que no nos encontramos ante un periodo de expansión sino al más parecido a la Gran Depresión que se conozca y, recientemente, a la crisis de 2008. Los dos pudieron superarse gracias a la intervención y aumento del tamaño, inversión y gasto del Estado.

Haciendo caso a teorías y experiencias, siguiendo la línea del modelo keynesiano, la Unión Europea acaba de aprobar un paquete de 750.000 millones de euros para promover la reactivación. Se trata, claramente, de estímulos, subsidios y préstamos a tasas muy bajas. Como ejemplo el asunto no termina allí: Europa se endeuda, por primera vez en su historia, para salir de la crisis, sentando de paso las bases de un compromiso fiscal que fortalece su unidad como un super-Estado, en un momento en que su propia supervivencia se ha encontrado cuestionada por diferencias políticas y presiones ejercidas por otros gobiernos.

Algo parecido se hace en Estados Unidos donde, pese a encontrarse en plena campaña electoral, demócratas y republicanos han logrado ponerse de acuerdo, y lo siguen haciendo, para mejorar las capacidades del Estado: un nuevo billón de dólares para subsidios directos a familias y educación, comprendiendo que se trata, simultáneamente, de estimular la demanda.

Observando más de cerca, la Veeduría Distrital en Bogotá, en una medida inteligente y oportuna, acaba de proponer la utilización de recursos no ejecutados, intentando cumplir la doble función de estimular la demanda y ayudar a sectores que lo necesitan. (Ver aquí).

En Colombia, reconociendo la correcta gestión de la crisis por parte de gobierno y autoridades, fácilmente constatable en un análisis comparativo con lo sucedido en otras naciones, casi todos coincidimos en la excesiva prudencia demostrada en el manejo de los asuntos fiscales y en la necesidad de consolidar grandes proyectos de largo plazo que involucren Estado, empresas, creadoras de empleos e iniciativa privada.

Puede decirse que los subsidios a la población, en esta etapa de mitigación, son indispensables, pero serán insuficientes, o imposibles, en el mediano y largo plazo. La construcción y recuperación de empleos y de la economía comienzan por mantener e incluso ampliar las nóminas públicas y, simultáneamente, garantizar unas condiciones estables para la inversión y apoyo a las empresas que generan empleos.

Un buen ejemplo de lo que podemos hacer es el proyecto estructural de enlace vial entre el Pacífico y la Orinoquia que generará miles de puestos de trabajo en lugar de suprimirlos. Necesitamos nuestro propio Plan Marshall: préstamos a bajo costo para grandes proyectos en los diferentes sectores de la economía. ¿Y los recursos? Tomemos el ejemplo de la Unión Europea sin temores. En algún momento los organismos multilaterales de crédito y las calificadoras de riesgo deben reconocer que estamos afrontando una situación excepcional.

Así como se trata de un dilema falso el que nos pone a decidir entre la economía y la gente, también lo es el que llama a escoger entre la ortodoxia económica y la realidad política, puestos a resolver problemas sociales.

Finalmente, ¿Quiénes comprarán los bienes y servicios que nuestro dirigente gremial y sus asociados ofrecen si aumentan las cifras de desempleo por la supresión de cargos y reducción de inversión y gasto público? Observemos la real magnitud de un problema que no se resuelve reduciendo las nóminas oficiales.

@herejesyluis

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