Por: Nicolás Rodríguez

Secretos públicos

La larga e inacabada historia del supuestamente prohibido paramilitarismo pasó por una etapa en la que la connivencia entre narcos, milicos y paras era pública y secreta a la vez (lo explica Winifred Tate).

Todos los involucrados sabían de qué iba la matazón, pero no era algo que se pudiera discutir abiertamente. Los paras sabían que las víctimas sabían. Los militares también. Incluso los gobernantes de turno. Y sin embargo no existían las palabras oficiales, los sellos internacionales reconocidos, el lenguaje suficiente para articular lo que estaba pasando. Se imponía la cómplice tiranía del secreto público.

De ahí la necesidad de hacerlo explícito.

Por encima de muchas otras consideraciones, prohibir el paramilitarismo es un triunfo para las víctimas. No es una concesión a las ya desmovilizadas Farc. Y si lo fuese, en un país con una larga historia de asesinatos selectivos, que todavía continúa, tampoco se entiende a qué se debe la oposición.

Con argumentos terriblemente pobres María Isabel Rueda escribió que la iniciativa era una estupidez. “¿Qué sentido tiene prohibir lo que ya está prohibido?”, se preguntó la periodista, tomando como ejemplo socarrón a una hipotética abuelita que nadie puede matar porque no está permitido. Luego no es necesario prohibirlo.

Pues bien: abuelas y abuelos y nietos y familias enteras fueron masacrados por el prohibido paramilitarismo. Es más, durante mucho tiempo el paramilitarismo ha vegetado alegre y legalmente como autodefensa; asociación de ganaderos y latifundistas, y Convivir.

La verdara concesión, por lo demás tardía, es a los activistas de los derechos humanos que pusieron muertos, marchas, papeleo, ideas y categorías para que lo prohibido y público, como quien dice por todos conocido, fuese hablado.

Periodistas como Rueda no solo analizan la coyuntura y dan sus opiniones. También participan activamente con sus metáforas de fábulas (la abuelita, como si se tratara de un chiste tierno) del legado real y duradero de esos silencios.

 

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