Por: Columnista invitado

¿Secuestrados o soldados?

Con el inicio de la mesa de negociación entre el Gobierno y las Farc, hay un tema que el país debe comenzar a debatir. No sabemos cuántos de quienes fueron secuestrados por las Farc hacen parte hoy de sus filas como combatientes.

Acaso pretenden desmovilizarlos como si hubiese sido decisión suya irse a la guerrilla o las Farc serán capaces de devolverlos a sus familias como personas secuestradas?

Aquí, dos de los casos que he cubierto como periodista de este diario:

El 25 de marzo de 2001 el noveno frente de las Farc, que opera en el oriente de Antioquia, secuestró a John Jairo Jaramillo Sierra, un campesino de 32 años que tenía una tienda en la vereda La Holanda del municipio de San Carlos. Ese día, John Jairo venía en un bus escalera desde el casco urbano a su casa, cuando fue bajado del vehículo en el sitio Buenos Aires. Unos minutos después llegó su madre, doña Ligia, quien se encontró con la noticia de que las Farc se lo habían llevado. Nunca más tuvo noticias de él hasta agosto de 2007. “Estaban dando la noticia de unos videos que le cogieron a las Farc. Ahí estaba John Jairo vestido de guerrillero, hasta gordo lo vi. A él lo tienen a la fuerza porque nunca se hubiera ido para la guerrilla. Yo no entiendo por qué no me lo devuelven”. Ese fue el testimonio que recogí en esa época de doña Ligia, quien a sus 74 años padecía cáncer de colon.

El 15 de octubre de 1997, en el municipio de Girardota, al norte de Medellín, Ruth Beatriz Castañeda, una joven psicóloga de 27 años, fue secuestrada por el frente 34 de las Farc. “El 30 de diciembre de 1999 hablé con Raúl Reyes por teléfono y me dijo que no tenían ningún inconveniente en dejarla allá unos añitos hasta que pagara”, relató doña Dolly Castañeda, su madre, en febrero de 2009.

El pasado 1º de junio doña Dolly informó que había reconocido a su hija en el video de una entrevista con el periodista francés Roméo Langlois. “Si ella está de camuflado y con la guerrilla es porque la obligaron; la conozco muy bien y sé cuáles son sus sentimientos”, relató doña Dolly.

Las Farc se aprovechan de la debilidad de los secuestrados para convencerlos de sumarse a su causa; lo viví en 1998 cuando fui secuestrada junto con el camarógrafo y la conductora del vehículo del noticiero para el que trabajábamos en esa época, Hora 13 Noticias, de Teleantioquia. Durante una semana los guerrilleros del noveno frente de las Farc intentaron convencernos de que nos quedáramos con ellos. Nos explicaban una y otra vez su ideología. Por fortuna el secuestro sólo duró una semana.

Según cifras de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, entre 1988 y 2005 se presentaron 466 secuestros. Además hay un registro de 1.730 personas desaparecida entre 1990 y el 2000, donde las Farc aparecen como responsables. ¿Cuántos de estos secuestrados o desaparecidos están reclutados a la fuerza en la guerrilla? De llegar a buen término el proceso de negociación, ¿serán recibidos como desmovilizados o juzgados por participar en delitos cometidos por la guerrilla? O para ellos habrá el indulto que pretenden los comandantes por sus crímenes.

Es hora de plantearnos cómo vamos a recibir a estas víctimas y, sobre todo, cuándo vamos a comenzar a exigirle a la guerrilla que los regrese a sus hogares como civiles que fueron secuestrados y no como combatientes.

 

* Mary Luz Avendaño

Buscar columnista