Por: Hernán González Rodríguez

Sedimentación de los embalses

Durante 20 años he observado el comportamiento del río Cauca entre La Pintada y Bolombolo en el departamento de Antioquia.

Comienzo por mencionar que alguna vez obtuve un grado de magíster en Georgia Tech, en Economía de Recursos Hídricos, bajo el profesor alemán Karl Kindsvater, uno de los consultores del gobierno de los Estados Unidos en el megaproyecto del río Misisipí, motivo por el cual me atrevo a comentar el calamitoso arrastre de sedimentos por el río Cauca durante esta ola invernal por sus posibles efectos sobre los embalses de Cañafisto e Hidroituango.

La sedimentación de los ríos afecta los embalses, porque las partículas que arrastran bien sea disueltas en el agua, cerca o por el fondo del río,  pueden llenar o colmar los embalses con arenas, gravas y limos, hasta dejarlos inservibles en menos de 20 años.

Durante los inviernos de 2008 y 2011, sospecho que el río Cauca ha triplicado su caudal promedio, ha sedimentado su lecho, ha derrumbado las orillas y, cuando no cabe por su cauce, pues se desborda y deja sin vivienda a innumerables compatriotas. Un pozo de agua que quedaba a 300 metros de su orilla, por ejemplo, ya no existe.

El problema de la sedimentación en Colombia está relacionado, desde luego, con los incrementos entre el 300-400% de las lluvias. Pero también se debe a la deforestación inclemente del país. Insisto al respecto, con o sin la participación de las comunidades indígenas y de nuestra miope Corte Constitucional, apremia fomentar la reforestación de nuestras laderas.

Cuando el río Rin en Alemania arrastra unas 500 toneladas de sedimentos promedios por día y el Colorado en los Estados Unidos 1.300.000 toneladas, el Amarillo en la China moviliza 75.000.000 de toneladas por día. Tan solo conozco un excelente estudio elaborado por colombianos sobre la sedimentación, el cual afirma que el Cauca, durante los inviernos normales, le aporta al Magdalena unas 250.000 toneladas diarias en su desembocadura, en tanto que el Magdalena duplica allí al Cauca.

Por esto, sostenía el profesor Kindsvater que: "en los ríos de los países pobres no es posible resolver los múltiples problemas derivados de la sedimentación con soluciones económicamente razonables". Si mal no recuerdo, la Misión Holandesa para el estudio de la navegación por el río Magdalena insinuó algo similar.

No creo que en Colombia exista dinero para tener suficientes dragas como las gigantescas que operan hoy en el Misisipí con el fin de mantener allá un canal navegable de tres metros de profundidad. Ni para construir extensos diques, gigantescos y apartados de las orillas, y no sobre el borde mismo como se acostumbra por acá.

Más complejo aún, autorizados expertos conceptúan que "el cálculo de las toneladas en sedimentos entraña un problema de ingeniería que aún no cuenta con soluciones tan precisas como las que existen para otros temas de la hidráulica, que este cálculo todavía conlleva mucho de apreciación inteligente".

 

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