Por: Óscar Alarcón

La segunda vuelta

Horacio Serpa y Óscar Iván Zuluaga son víctimas de la segunda vuelta electoral. Si ese procedimiento no se hubiera establecido en la Constitución de 1991, habrían sido presidentes porque ambos ganaron en la primera vuelta. Por el contrario, si hubiera regido antes, posiblemente no lo habrían sido Enrique Olaya Herrera (les ganó a Guillermo Valencia y Alfredo Vásquez Cobo), Mariano Ospina Pérez (les ganó a Gabriel Turbay y a Jorge Eliécer Gaitán), Misael Pastrana Borrero (les ganó a Gustavo Rojas, Belisario Betancur y Evaristo Sourdis), Julio César Turbay (les ganó a Belisario Betancur y a otros), Belisario Betancur (les ganó a López Michelsen, Luis Carlos Galán y Gerardo Molina) y César Gaviria (les ganó a Álvaro Gómez, Antonio Navarro W., Rodrigo Lloreda y otros).

Esa doble vuelta se la inventaron los franceses en la Constitución de la Quinta República. Entonces establecieron un complejo mecanismo para la escogencia del jefe del Estado. Por sufragio indirecto se constituía un cuerpo electoral muy amplio, del que hacían parte cerca de 90.000 personas, compuesto por dos categorías de miembros: unos por derecho propio (senadores, diputados, consejeros, etc.) y otros electivos, miembros ad hoc, designados para cada elección presidencial en representación de concejos municipales y de las asambleas de ultramar.

Sólo una vez se aplicó el anterior procedimiento, cuando se eligió al general Charles De Gaulle, ya que tres años después, el 28 de octubre de 1962, fue sustituido por el sistema de elección popular directo. Tanto en el sistema original de sufragio indirecto como en el vigente se estableció por primera vez la doble vuelta, que conocen como el ballotage. Desde entonces dicen que en la primera se vota con el corazón y en la segunda con la razón.

Y yo hablando del presidente general francés cuando en esta época de Mundial lo único que no se puede decir es: no Charles de Gaulle.

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