Segundo acto de una tragedia

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Escribo esta columna sobre la mitad del gobierno de Iván Duque el 7 de agosto. Con dos grandes cataclismos como telón de fondo: una pandemia y la caída del jefe del partido de gobierno. Es inevitable recordar la borrasca fantasmal de la posesión presidencial de hace dos años —parecía sacada de la película La profecía— y no preguntarse si Iván Duque parece un personaje sacado de una tragedia.

En el género teatral de la tragedia griega los personajes se enfrentan a destinos tan inefables como funestos. El ascenso vertiginoso de Iván Duque hasta la cúspide del poder parece fruto de un destino azaroso. Los dos hechos que hasta ahora definen su presidencia son ajenos a su control y posiblemente insuperables.

 

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