Por: Luis Carvajal Basto

Seguridad 4.0

Si en algún sector del Estado se puede notar el cambio generacional que supone el gobierno Duque, es en el de seguridad con decisiones y respuestas inteligentes. La política pública para seguridad y defensa presentada la semana anterior, pone el país a tono con la sociedad digital, actualiza la agenda del sector, tarea que deberían realizar otras áreas del gobierno. ¿Pero, era necesario cerrar la puerta a eventuales ceses al fuego bilaterales?

Los gobiernos se expresan y actúan mediante  políticas públicas y no solamente con invocación de principios, generalidades y saludos a la bandera. Ojalá la nueva política de seguridad  se articule con todas las instituciones del Estado, y, ojalá, disponga de recursos suficientes y pueda avanzar en los tres años y medio que le quedan al gobierno. En esencia toca los puntos que son y pone a Colombia a la vanguardia tecnológica en estos temas, para enfrentar unos retos cuyos actores disponen de toda clase de recursos, a veces superiores a los del mismo Estado.

La política privilegia conocimiento y tecnología sobre otros factores involucrados. La propuesta de uso de aplicaciones para integrar a la ciudadanía con emprendedores  e instituciones del Estado es, en nuestro anquilosado quehacer burocrático, verdaderamente transformadora  y actual; convierte, en manos de los ciudadanos, un celular en un arma más poderosa que muchos cañones, como lo ha expresado el joven  consejero presidencial. Es, la expresión pragmática del concepto teórico de gobierno abierto.

Otro inesperado hit de la política enunciada se refiere al reconocimiento de Colombia  como una potencia mundial en recursos hídricos o capacidad de producir agua dulce en nuestros páramos (ojo con Santurban, el rio Cauca etc.), biodiversidad y medio ambiente, amenazadas por la deforestación. En consecuencia la protección de esos recursos se transforma en  objetivo prioritario, también, de las Fuerzas Armadas, en la perspectiva de seguridad y defensa, y de los ciudadanos, con los que busca, en  sus diferentes iniciativas, integrarse.

La política parte del supuesto según el cual  seguridad y  defensa son una tarea de todas las instituciones del Estado y no solo de las Fuerzas Armadas. Retoma éxitos y fracasos en los años recientes y la experiencia viva en  regiones conflictivas en las que  cultivos y  tráfico de sustancias ilícitas, junto con la extracción desaforada e irregular de minerales, han cambiado paisajes, cultura y costumbres. Pretende articular, positivamente, entidades importantes pero inermes, como Parques Nacionales, con capacidad militar; es decir, capacidad de hacer cumplir órdenes y disposiciones de interés general, de manera terminante.

Por otra parte, resulta realista y novedosa, en nuestra política de seguridad y exterior, la combinación entre capacidad militar y diplomacia, cuyo mejor ejemplo es el liderazgo de Colombia en el grupo de Lima, a cambio del tradicional, y casi exclusivo fortalecimiento de equipos militares, también necesarios pero cuya “competencia” entre países solo conviene a los vendedores de armas. ¿Comprar aviones y tanques en un país con tantas necesidades, como hizo Venezuela, o constituir e invocar la solidaridad de los países amigos, como ha hecho Colombia? Política exterior y de  defensa “colaborativa”, podemos llamar a lo que hacemos ahora.

Una seguridad inteligente, como la que se ha puesto sobre la mesa, recuerda las necesidades de actualización que debemos realizar en otras áreas como justicia; servicios públicos y la gestión de los  entes territoriales en los que conceptos como el de gobiernos inteligentes son todavía una quimera. Ni hablar de la vigilancia ciudadana (participación) en el control de la gestión del gasto público y la lucha, con resultados, contra la corrupción.

Sin embargo en la política parece extraño el enunciado de renunciar a eventuales ceses al fuego bilaterales, así se trate de una decisión de gobierno, con un mensaje implícito en la actual coyuntura para el E.L.N. Resulta complejo ponerlo por encima del mandato constitucional de convivir en paz, renunciando, por anticipado, a una herramienta que en algún momento podemos necesitar.

@herejesyluis

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