Por: Columnista invitado

Seguridad, la gran deuda en Venezuela

El 2001 Global Study on Homicide, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, recogía que en 2009 en Venezuela hubo 13.985 homicidios, en una proporción de 49 por cada 100.000 habitantes.

El mismo año en España, sumida en una gravísima crisis económica y con aproximadamente el doble de habitantes, la cifra fue de 399 asesinatos (0,99 homicidios por habitante). El Ministerio del Interior de Venezuela ha reconocido que en 2012 hubo más de 16.000 homicidios y en lo que llevamos de 2013 el número supera los 3.400. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en el período 1998-2012 el número de homicidios fue de 155.788. Para el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, Caracas es la tercera ciudad más insegura del mundo (superada sólo por San Pedro Sula y Acapulco).

A lo largo de los últimos catorce años, los planes de seguridad emprendidos por los gobiernos nacional y locales han fracasado estrepitosamente y la delincuencia está rampante y en aumento. Nicolás Maduro y Henrique Capriles deberían preocuparse más por dar un diagnóstico serio y respuestas a este asunto, que es la principal preocupación de los ciudadanos venezolanos, antes que, como están haciendo, centrar sus campañas electorales en el ausente y presente Hugo Chávez.

En el caso de Maduro, esta desatención de los temas de seguridad forma parte de la lógica del continuismo. El presidente Chávez nunca le dedicó mucha atención al problema durante sus campañas. Sólo en 2009 adelantó algunas medidas, como la creación de la Policía Nacional Bolivariana y la recentralización de las políticas de seguridad, que no han logrado resultados. Las pocas menciones de la inseguridad hechas por Maduro se dirigen al fortalecimiento de los mecanismos comunitarios de prevención del delito. La baja prioridad de la seguridad en su campaña se nota en que aún está solicitando ideas vía Twitter a sus seguidores para incorporarlas a un plan inconcluso. ¿Forma de fomentar el diálogo con los electores o demostración de desinterés por la principal preocupación de los ciudadanos?

Capriles, por el contrario, sitúa la seguridad como uno de los cinco pilares de su campaña. Su apuesta habla de cero tolerancia con secuestros, robos, homicidios y la violencia intrafamiliar, y tiene un enfoque más integrado. Además de mejorar las capacidades de las fuerzas del orden, fortaleciendo los nexos con las comunidades, la coordinación interagencial y una nueva descentralización de las políticas públicas de seguridad, su programa menciona —de forma genérica— como problemas conexos a la delincuencia la creciente posesión ilegal de armas, la ausencia de oportunidades para la juventud y una reforma a la justicia penal —los niveles de impunidad crecen al mismo ritmo que la inseguridad—.

Aunque la propuesta del candidato opositor es más completa que la del oficialista, en el pasado la inseguridad no ha pesado en los resultados electorales. Pero Maduro no es Chávez. Esa puede ser la diferencia. ¿Ventaja Capriles?

 

* Miguel Benito, Docente en la Universidad Externado de Colombia, analista y consultor político.

@mbenlaz

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