Por: Lorenzo Madrigal

Semana tras semana

Tengo dos colecciones de la  primera etapa de la revista “Semana”. No saldré de ellas. Una fue de mi acucioso hermano Javier, quien en su primera juventud tuvo furor por la novedosa e imparcial revista política y me transmitió su afición. La otra colección fue de mi tío Roberto, de quien la heredé.

El primer número, del 28 de octubre de 1946, trae en portada al presidente Ospina Pérez, recién posesionado, en dibujo de la maestría de Jorge Franklin (necesariamente ya fallecido y apenas ahora por mí llorado). No entiendo entonces cómo se conmemoran ahora 35 años de la revista “Semana”, siendo que mis cuentas dan como setenta y pico.

¿O no es la de hoy la misma revista de Alberto Lleras? Yo supe de primera mano que Felipe López obtuvo, de procedencia del expresidente, la franquicia del título, tal vez lo único que en ese momento restaba del semanario. Estuvo, eso sí, interrumpido durante algún tiempo.

Pero la vieja revista fue innovadora en su momento. Quiso ser imitación de “Time” y aunque en regular papel y con fotografías deficientes, su agilidad periodística y en especial la descripción sucinta de los personajes era espectacular. Y ya lo dije, las portadas la vendían, ellas sí muy bien impresas, a cargo de grandes dibujantes como el mencionado Franklin, Scandroglio y en retratos muy exactos, Max Henríquez.

La descripción del personaje llegó a ser divertida: Fulanito (43, casado, tres hijos, abogado pero no ejerce, pianista, gabardina y paraguas eternos). La publicación innovaba una cierta neutralidad política, ajena a la pasión que ardía en los periódicos. Era la mente de Alberto Lleras, hombre de la Unión Americana, equitativo en su primer gobierno de un año, que permitió sin traumatismos la transición de la hegemonía liberal, finalizando en el segundo gobierno de López y transfiriéndose a la Unión Nacional del conservador Ospina.

Fue época de los grandes directores; el propio Lleras, Juan Lozano y Lozano (es uno solo), quien asumió al año de fundada, Hernando Téllez. Liberales y también partidistas, pero, como quizá se les dijo entonces, desteñidos; con lo cual se daban el lujo de no apabullar a sus opuestos y de reconocer la importancia de cada cual en su gueto o sector político. El estilo lo impuso Lleras Camargo, a quien sólo en los últimos años de su vida lo atrajo para sí el diario El Tiempo de don Hernando Santos, muy apasionado rector de la información.

La bonhomía de Alberto Lleras trascendió a la historia nacional, como era apenas natural habiendo sido dos veces presidente, pero sobre todo cuando viajó a conversar con Laureano Gómez, exiliado en Sitges, y concordar el Frente Nacional para 16 años de relativa paz política.

***

La “Semana” de entonces no era afín al poder. Felices 35.

 

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