La Lizama: la esperanza revive tras el derrame de crudo de 2018

hace 4 horas
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Qué semanita

A la hora de escribir esta columna las Farc todavía no han liberado al general Alzate y los demás militares secuestrados, aunque en todas las salas de redacción se da por hecho que los buenos oficios de los países garantes darán pronto resultados felices.

Esperamos que así ocurra, en especial si no se atraviesan los “enemigos agazapados de la paz” que le apuestan al fracaso de la liberación.

Sabemos qué le pasará a este país si la guerrilla no cumple el compromiso de liberar a estos secuestrados, o si se repite la tragedia del rescate cruento del gobernador de Antioquia y Gilberto Echeverri Mejía. En esa hipótesis, la guerra se recrudecerá a niveles inimaginables, la comunidad internacional dará la espalda, no habrá regreso, y muy seguramente los amanuenses de Uribe se prepararán para ganar las próximas elecciones enarbolando el discurso militarista, como ya lo pretende el troglodita del procurador Ordóñez, a quien se le notaron las ganas de que se rompieran las conversaciones de La Habana. Esos candidatos de la carroña pretenden llegar al poder con la promesa de la violencia y la muerte de muchos compatriotas.

Pero si las Farc liberan pronto a los secuestrados, el proceso de paz debe continuar y terminar cuanto antes, porque la ultraderecha acecha y no faltará un atentado o algún otro episodio criminal que ponga en vilo el esfuerzo de La Habana. No más dilaciones, menos ahora que por primera vez las Farc han reconocido que hay avances en las negociaciones.

Y claro, el general Alzate tendrá que ponerle la cara al país, para explicar cómo es posible que a 15 minutos de la capital del Chocó haya territorios gobernados por la insurgencia, como pasa en el cacerío Las Mercedes, donde fue secuestrado. Es tan grave que el oficial hubiese salido sin escoltas y desarmado —lo que ojalá haya obedecido más a una celada que a una imprudencia—, como que existan zonas donde la autoridad no la ejerza el Estado sino los fusiles de las Farc.

Reanudado el proceso de paz, Santos debe entender de una vez por todas que este no es un tema exclusivo de la milicia, sino de alta política. Lo digo porque en esta crisis los primeros pasos que dio lo mostraron preso del estamento militar. En efecto, todo indica que la decisión de suspender los diálogos fue adoptada por el presidente en conciliábulo con la cúpula militar y el ministro de Defensa, de espaldas al poder político. ¿Dónde estaban los ministros ese domingo? ¿Por qué no fueron citados a un consejo extraordinario para respaldar al Gobierno? ¿Por qué los partidos y los comisionados de La Habana no aparecieron esa noche, sino al otro día, cuando ya todo estaba consumado? El mandatario buscó los respaldos a posteriori, cuando ha debido provocarlos en la calentura de la emergencia, para tranquilizar al país y contrarrestar las voces guerreristas de los insensatos que piden a gritos bala venteada.

De restablecerse la calma en La Habana, definitivamente será urgente que Santos ponga orden en esas filtraciones de información de inteligencia que sigue recibiendo el expresidente Uribe, quien en un gesto oportunista hoy pretende montarse al tren de la negociación que ha combatido ferozmente, proponiendo el disparate de crear otro Caguán. Si el ministro de Defensa hubiese tomado medidas radicales desde cuando se presentó la primera filtración, dando de baja a todos los oficiales comprometidos en la cadena de custodia de los datos de inteligencia, el mal se habría extirpado de raíz, probablemente nos habríamos ahorrado al hacker Sepúlveda y Andrómeda. Pero no, Pinzón ha preferido no torear el avispero, y por eso alguien en Inteligencia Militar continúa manipulando información reservada para conspirar contra la paz, y obviamente se siente a salvo con sus picardías porque nadie se atreve a removerlo.

 

Adenda. Mientras el papa Francisco pide perdón por los curas pederastas y se indigna porque a la entrada de los templos haya lista de precios para el bautismo, la bendición, las eucaristías, etc., aquí la Iglesia guarda inexplicable silencio, no obstante que muchos de los suyos están involucrados en los mismos pecados y abusos.

 

 

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