Por: José Fernando Isaza

Semejanzas y diferencias

Dos candidatos opcionados a la Alcaldía de Bogotá, Peñalosa y Gina, separados por una generación, tienen prestigio, títulos académicos, vocación por la política, independencia de los partidos tradicionales. Pero existe una diferencia fundamental en la búsqueda de alianzas.

Gina, como senadora de la U, renuncia por no estar de acuerdo en que su partido continuara con las curules obtenidas con votos de la parapolítica. Defendió el concepto de la silla vacía que el presidente rechazó para mantener las mayorías. Se recuerda la orden a su bancada: “Voten por los proyectos del gobierno mientras los meten a la cárcel”. Gina se gradúa en Harvard en maestría en Administración Pública con énfasis en temas urbanos. En opinión de sus profesores, como lo cuenta Guillermo Perry, sobresalió por inteligencia y dedicación. Se alía con Mockus basada en principios como “no todo vale”, “recursos públicos, recursos sagrados”, “la vida es sagrada”. En lo ideológico puede calificarse como centro derecha. Una derecha civilizada, que rechaza apoyos de grupos armados y que no recurre a procedimientos ilegales para derrotar a sus contrincantes. Algunos critican su juventud para gobernar. Ésta puede ser su mayor ventaja. Es bueno recordar cuando el gobierno de López Pumarejo llamó al servicio del Estado a “audacias menores de 30 años”. De ahí surgieron buena parte de los dirigentes de la talla de Alberto Lleras.

Opuesta ha sido la posición de Peñalosa al aceptar la adhesión de aquél durante cuyo gobierno se produjeron los asesinatos de ciudadanos por parte de miembros de las Fuerzas Armadas para obtener beneficios. El país llegó a unos niveles de corrupción que aún sus propios copartidarios se ven obligados a denunciar. Se utilizaron los recursos públicos para hacer más ricos a los ricos, en particular a quienes financiaron sus campañas. Se trató de eliminar la esencia de la democracia, la separación de poderes. Se persiguió a la oposición sin escatimar ningún método. Se empleó el poder del Estado para lograr, en beneficio propio, la reelección; la compra de conciencias y votos no estuvo ausente para buscar el objetivo; prevaleció el “todo vale”. Peñalosa pertenece a un partido cuyos principios eran totalmente opuestos a los de aquél de quien acepta su adhesión, sacrificando por un puñado de votos sus convicciones.

Los candidatos deben cargar la herencia de sus partidos. Aurelio Suárez, de probada capacidad intelectual y profunda consistencia política, lleva el lastre de un partido que no pudo resolver uno de los más graves problemas a la capital.

Petro demostró en la campaña presidencial que es un político serio y estudioso. Su pasado, lejos de ser una amenaza, es una señal de la posibilidad de hacer política sin armas.

En Nueva Zelanda, cada votante señala varios nombres y un sofisticado sistema va eliminando los de menor votación, y sube los segundos, hasta que alguno obtenga la mayoría. En esta forma el ciudadano “parte su voto”, lo cual puede ser más consistente que el todo o nada. Si en Colombia existiera ese sistema, una buena combinación alfabética o de preferencias sería:

Gina Parody, Gustavo Petro, Aurelio Suárez.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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