Señales confusas

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A medida que el nuevo coronavirus avanza en su impredecible trasegar por el planeta causando muerte y desolación, más confusas se hacen la señales de lo que será el mundo en el futuro cercano y no tan cercano, asumiendo que algún día podamos ponerle el “tatequieto” al COVID19 a través de tratamientos efectivos o de la tan ansiada vacuna.

¿Saldrá la democracia como sistema de gobierno fortalecida o debilitada? La respuesta parece ser: depende. En algunos lugares posiblemente, en otros quizás no tanto. La gente podría terminar apreciando más la competencia de su gobierno para enfrentar una crisis como la actual que nimiedades como ideologías políticas. La fascinante triada populista americana; Trump, Bolsonaro y AMLO, ha dejado una colosal estela de desastre en el manejo de la pandemia, han los tres acudido a profundizar la polarización, han sido profundamente ineptos y sin embargo doblan las apuestas en su narrativa y en sus métodos, socavando al mismo Estado a cuya cabeza han sido elevados por un electorado fragmentado y descorazonado. Señales confusas

Algunos gobiernos por otro lado han demostrado, hasta ahora, una impecable capacidad de gestionar la crisis del coronavirus gracias a una mezcla virtuosa de idoneidad, fundamentación científica y médica, alto nivel de credibilidad ciudadana, cultura de apego a las normas y quizás una dosis de suerte. ¿Serán estos gobiernos los que marquen la pauta global o serán simplemente excepciones a una aciaga regla general? Señales confusas.

Entre tanto arrecia la confrontación en varios frentes entre China y Estados Unidos, de cuyo resultado dependerá en buena medida el orden mundial que surja tras la pandemia, incluido el futuro de las organizaciones multilaterales. La única buena noticia es la reunión programada en Hawái entre los cancilleres de ambos países para buscar rebajar las múltiples tensiones: comerciales, militares, por la narrativa de la pandemia, manipulación de la OMS, Hong Kong, Taiwán, Corea, etc. Señales confusas.

Tras el aplastamiento forzado de la economía mundial y las tímidas acciones de reactivación ya en curso en casi todos los países, aparece un horizonte lleno de nubarrones y niebla que hace casi imposible avizorar el más allá. ¿Será la recuperación tan rápida como la caída, mucho más lenta, será una montaña rusa, o simplemente no habrá tal y la economía quedará prostrada, deshaciendo de un “covidazo” décadas de crecimiento en las que millones salieron de la pobreza a engrosas las filas de una, ahora enclenque, clase media? Señales confusas.

Sin embargo, la más confusa de las señales parece ser cuándo terminará este episodio seminal en nuestras vidas, cuándo cerraremos los paréntesis y continuaremos adelante, qué mundo encontraremos ahí afuera, qué pasará con nuestro trabajo, nuestra sociedad, nuestra ciudad, nuestro país. Finalmente, si los pescadores de rio revuelto, politicastros de todos los pelambres y sus acólitos, que acechan por doquier, logran sacar provecho de la desventura de la humanidad para lograr sus designios. Señales confusas.

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