Educación y cultura en tiempos digitales

hace 30 mins
Por: Catalina Uribe Rincón

Señor Marocco: es el contexto y no la intención lo que vale

Hace poco asistí a la conferencia de una profesora que se especializa en estudios afroamericanos. Al llegar, uno de los asistentes le preguntó sobre los retos de hacer lo que hace siendo ella una mujer rubia y blanca. Ella contestó: “Son pocos, pero debo estar más atenta a cuidar lo que pienso y lo que digo. Sé que lo que puedo pensar y decir de una mujer blanca no siempre lo puedo pensar y decir de una mujer negra”. Y no se equivoca. Frases simples como “uno como mujer”, en el contexto equivocado, pueden hacerse de inmediato odiosas y ofensivas. El mundo de sentido de ella, como una mujer blanca, simplemente no ha sido ni podrá ser nunca el de una mujer negra.

Por ejemplo, si la profesora llegara a decir: “Uno como mujer necesita poder trabajar por fuera del hogar”, está diciendo algo inmediatamente insensible con la realidad de las mujeres negras, que han trabajado desde la esclavitud. La idea de “ama de casa” nunca ha existido para las mujeres de color. Así como en Colombia no existe, ni ha existido nunca, para las mujeres pobres. No saber esto, y tener un cierto nivel de educación, no es excusable. Y no es excusable así nadie se ofenda. Lo que vuelve ofensiva la frase es la injuria en un contexto de significado, así no haya dolientes inmediatos, así nadie en ese momento se percate.

De aquí que el comentario de Andrés Marocco durante el análisis de la previa del partido de Santa Fe contra Cali haya sido ofensivo, incluso si la periodista Andrea Guerrero no se hubiera ofendido. La sensibilidad del comentario no está limitada a la sensibilidad del receptor. Hay contextos que son sensibles y lo que se le pide entender a Marocco es simple. Primero, la mujer ha sido tradicionalmente excluida de los deportes, del periodismo deportivo y del fútbol en general. Segundo, cuando a la mujer se le tiene en cuenta, es para exaltar su belleza y no su talento. Y tercero, si la mujer defiende su legítimo puesto en la sociedad, se le suele deslegitimar diciéndole que es muy brava, muy radical, muy sentida.

En ese contexto simple, Marocco incurrió en varias fallas. Introdujo a Guerrero con un condescendiente: “Primero las damas”, luego le dijo: “Adelante con la moda”, a lo que añadió: “Esa moda tan bonita, usted está muy bonita”. Cuando ella le reprochó quitarle seriedad a su trabajo como periodista deportiva con su comentario, en lugar de entender y disculparse, pues errar es de humanos, y quizá aprender para la siguiente vez, Marocco la desestimó: “Vea la agresividad”. Cuando la periodista lo volvió a refutar, él concluyó: “Andrea, por favor, concéntrese”.

No, señor Marocco, el desconcentrado es usted. Sus palabras podrían ser muy bien intencionadas y, además, como alegó después, su comentario sobre la moda puede ser de uso frecuente con sus compañeros hombres (aunque francamente no me lo imagino diciéndoles: “Están muy bonitos”). Sin embargo, el problema no es ni de intención, ni de generalización del hábito. Usted no fue malinterpretado. La falla fue suya: no supo interpretar el contexto. Es el contexto lo que les otorga sentido a sus frases, no su voluntad ni sus hábitos. Y, la verdad, su formación no le permite excusar esta falta. Si algo se les puede exigir a los comunicadores es saber de comunicación.

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2020-01-18T00:00:42-05:00

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2020-01-18T13:45:59-05:00

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Señor Marocco: es el contexto y no la intención lo que vale

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