Por: Antieditorial

¿Sensatez?

Por Luis Antonio Asprilla

Aplaude El Espectador en su editorial del viernes 12/05/2017 al Congreso, calificándolo de “sensato” por no dejar prosperar la iniciativa de la parlamentaria Viviane Morales de convocar a un referendo para que fuera el pueblo el que expresara en la urnas su parecer sobre la probable adopción de menores por personas solteras, viudas, parejas homosexuales, y otros.

Como que no tuvo valor para el editorialista la presentación que la senadora, dueña de la iniciativa, hizo de más de dos millones de firmas que la respaldaban en su intención de que fuera el constituyente primario el que avalara o desechara ese propósito.

Y tal vez en su afán de congraciarse con lo actuado por la comisión parlamentaria que rechazó los argumentos en favor de la convocatoria a ese referendo, el periódico también aplaudió la indebida intromisión del Ejecutivo en una rama pública distinta, según puede deducirse cuando dice: “también es fundamental aplaudir el rol contundente del Gobierno, que se echó encima la tarea de evitar el despropósito”. Con esa frase, el diario legitima la intromisión de las ramas del poder público, desbordando el resorte de sus tareas, cuando justo lo que esperamos es que cada órgano haga lo que le corresponde sin que se presente coerción. Que trabajen armónica pero separadamente es un principio elemental para que las cosas salgan bien y no dejen manto de duda.

Claro que en otro aparte, el mismo editorial sí clamaba por la separación Estado / Iglesia. ¡Vaya incoherencia!

No censura el periódico el comportamiento de las bancadas, que nunca fijaron posición colegiada y cada parlamentario votó a su gusto, deslegitimando de paso la filosofía del partido que representa. Se pregunta uno entonces qué es lo que puede esperar el pueblo colombiano de sus organizaciones políticas.

Por supuesto, no destacó el editorial la posición —esa sí de bancada— del Partido Centro Democrático, que de paso demostró unidad de criterios entre su pensamiento y lo votado.

Al cierre del escrito, proponiendo “una coalición de personas de todas las ideologías”, da la impresión de que El Espectador aún no se recupera del fantasma del No claro, nítido, contundente y transparente que se impuso el 2 de octubre pasado, que aunque a la final no reconoció el Gobierno, dejó claro que el pueblo por fuera del Palacio de Nariño y de los clubes del poder con los medios de comunicación, puede pensar y votar muy distinto a esos intereses.

Que El Espectador como medio respetado y reconocido fije una posición frente a un tema tan sensible es bueno, y es lo que esperaríamos sus lectores, pero que celebre que las iniciativas de participación ciudadana se frustren, no lo es tanto.

La democracia, cuando se unta de pueblo, queda más lista para seguir siendo sistema de gobierno, y cuando ese pueblo ve cercenadas sus iniciativas, empieza a gestar descontentos que sabe uno dónde empiezan, pero jamás a dónde pueden conducir.

La razón y la coherencia esta vez no posaron en el editorial.

 

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