Por: Álvaro Camacho Guizado

Sensatez con Ecuador

LOS EPISODIOS QUE SE HAN DESATAdo en el diferendo con Ecuador han tenido efectos evidentes, como la ruptura de relaciones diplomáticas y las salvaguardas comerciales introducidas por los vecinos, amén de las belicosidades internacionales que tienden a dividir la América Latina en bandos políticos, los que reclaman solidaridades, condenas y castigos a los ocasionales rivales.

Y todo esto es bastante insensato, y aunque no se trata de buscar culpables, sí puede ser cuerdo y oportuno que los colombianos, y los ecuatorianos, nos hagamos unas pocas reflexiones que lleven a enmendar en parte los errores que de lado y lado se han cometido.

En primer lugar, la exacerbación de un malsano nacionalismo, que ha llevado, en el caso colombiano al menos, a que se interprete el contencioso entre dos gobiernos como si fuera entre dos países: es frecuente leer en la prensa que se dicen cosas como que “Correa es enemigo de Colombia”. La enemistad, claramente, es con Uribe, para bien o para mal, pero no es sano que se confunda al Presidente con todo un país. Colombia, en efecto, es algo más que su Presidente, y que esto se reconozca no significa ni oposición ni que se esté de acuerdo con Correa. Éste, también, es algo menos que el Ecuador como país.

También sería benéfico que, como en todo conflicto que se desee resolver, o al menos tramitar pacíficamente, quienes mandan u opinan públicamente en Colombia intentaran ponerse en el pellejo de los ecuatorianos: reconocerían que al fin y al cabo ese país, y no sólo Correa, ha sido agredido por el gobierno colombiano con el ataque a Reyes, así esa acción haya significado un golpe contundente a las Farc, que también han invadido al país vecino. Como lo han invadido los cientos de desplazados de nuestro conflicto, y como lo han hecho miles de colombianos que hoy crean riqueza allá. Y como lo han aprovechado también carteristas, vividores y pícaros que han usufructuado la supuesta ingenuidad de los vecinos. Que a lo mejor no es tal, sino que sencillamente son pacíficos y honrados.

 Y habría que entender que Ecuador no está en condiciones militares de controlar la totalidad de su frontera con Colombia, y que las Farc recurren a las estrategias típicas de las guerrillas para asentarse en la selva ecuatoriana. Y que eso no significa que haya un apoyo o simpatía especial de ese gobierno frente a los guerrilleros. Que algunos funcionarios supuestamente han tenido relaciones con ellos no puede generalizarse al presidente Correa. Yo tiendo a creerle a Correa y espero que su explícita declaración de su vocación católica me dé la razón.

En fin, es necesario reconocer que Uribe ha sido más sensato y cuidadoso que muchos de sus fanáticos áulicos que parecerían querer una guerra, que saben que pueden ganar, y que no se trata de defender a Ecuador. Se trata, eso sí, de insistir en aquella tradicional argumentación de que “Colombia es una potencia moral”. Si hay alguien que todavía sin sonrojarse cree en semejante idea, pues bien, que exija que sus dirigentes y alzafuelles actúen moralmente. Ya que no se puede pedir a las Farc que sean sujetos escrupulosos y ejemplos de moral, por lo menos tratemos de diferenciarnos.

 

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