Por: Luis I. Sandoval M.

Sentido común trastocado

“Nos tiene engrupidos” le oí a una sencilla mujer. Se trata del “embrujo autoritario” calificaron con elegancia semántica los académicos.

Estamos ante un “régimen bonapartista” porque bajo formas seudodemocráticas se oculta el autoritarismo. Esto es una “dictadura civil” mezclada con un “populismo de derecha” dicen otros. Nos aproximamos a cierto fascismo tipo mussoliniano consideran otros más porque hay inteligencia de Estado (las chuzadas), hay terror de Estado (los falsos positivos) y hay organización de masas ligada al Estado (familias en acción), todo lo cual atenta contra la oposición política, impide el desarrollo del sentido crítico y niega la autonomía de la sociedad civil. Además este régimen se quiere perpetuar.

Sin duda en la sociedad colombiana actual existe un altísimo nivel de amedrentamiento y temor, originado en actores políticos y no políticos. El gobierno trata de liberarnos, debe hacerlo, del temor frente a las Farc, y demás grupos armados, pero se desvía y sobrepasa en la misión y ahora le tememos también al gobierno. Comienza a configurarse la segunda de las dos posibilidades previstas por Thomas Jefferson: “cuando el gobierno le teme al pueblo es la democracia, cuando el pueblo le teme al gobierno es la tiranía”. Los hechos indican que esa es la tendencia, pero no el sentir predominante.

Estamos ante una especie de abdicación o trastorno general del sentido común. Según Hannah Arendt se trataría de una “ausencia de significado gracias a la combinación de terror con el adoctrinamiento en el pensamiento ideológico”. Mientras existan las Farc cometiendo atrocidades todo vale para el poder dominante. La conciencia de la mayoría se ha deformado para aceptar que eso es verdad. ¿Por qué ocurrió eso? ¿Cómo, cuándo perdimos el juicio? Parece que ya no tenemos referentes políticos ni parámetros éticos para establecer el sentido nefasto de lo que está pasando, en ello consiste la estupidez para Kant, Camus y Sartre.

Hace pocos días estuvieron aquí analistas prestigiosos del exterior – Jon Elster, Roger Petersen, Stephen Holmes – quienes junto con otros colombianos tan destacados como Antanas Mockus, Myriam Jimeno, Fabián Sanabria y Mario García, compartieron miradas sobre la situación del país. Al final de diálogos y conferencias sobresalía entre participantes una conclusión: en Colombia hay fallas protuberantes en quienes ejercen el poder, pero lo más grave es que no hay una oposición organizada.  El primer paso para organizar la alternativa es articular indignación y crítica. Se había debatido sobre “Política, Odio y otras emociones”.

No es posible construir una sociedad sobre el odio, la muerte y la deformación de la democracia; se requiere trocar esa lógica por otra positiva del entendimiento, el diálogo, la vida, el interés colectivo, la genuina participación, los cambios democráticos. Hay un problema en la formación de la conciencia pública que es preciso superar. Es anacrónico, contraproducente, que el país siga viviendo de la pasión por aniquilar a las Farc como respuesta a la contumacia de ellas por destruirnos a nosotros. Esa idea obsesiva produce sentimientos negativos, amarga el alma colectiva, conduce a la degradación moral y la autodestrucción. Eso pasa y no nos damos cuenta. Los partidos compiten no por cambiar el rumbo sino sobre quién ofrece la mejor opción para prolongar la hecatombe moral y política. La política se pierde y envilece.

Los odios viscerales no pueden ser hoy la  inspiración de la política. Por eso Barack Obama en El Cairo aclaró rotundamente: “El ciclo de sospecha debe acabar, debemos poner fin a la discordia, he venido a El Cairo para buscar un nuevo comienzo basado en el interés mutuo y el respeto mutuo”. Colombia necesita un nuevo comienzo.

lucho_sando@yahoo.es

 

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