Por: Rafael Orduz

¿Ser “doctor” paga? (II)

Colombia necesita emprender una cruzada cultural en favor de la formación de primera calidad en las carreras técnicas y tecnológicas, percibidas como de estrato social menor en el contexto de la educación superior, al que también se asocia, de forma absurda, lo que se denomina “educación para el trabajo”.

En primer lugar, hay que transformar el imaginario de los padres de familia, auspiciado por una cultura construida, entre otros por el mismo Estado, que quieren graduar de “doctores” a sus hijos (entendiendo por ello el simple grado de profesional universitario), convirtiéndolos en miembros de clase superior.

Las deudas, la alta tasa de deserción, la frustración personal de decenas de miles de profesionales universitarios sin trabajo o mal pagados indican que el mercado no reconoce valor en la inversión realizada. La mala calidad está a la orden del día en un buen número de instituciones de educación superior dedicadas a los negocios, pagando barata la cátedra, cobrando caro y transfiriendo excedentes a negocios particulares.

A tal cultura, tal oferta de instituciones que les ofrecen la zanahoria de los grados de “doctores” e innumerables especializaciones y diplomados malos y caros. Se abusa del esquema de los ciclos, que permite que el técnico se convierta en profesional con un par de semestres adicionales.

Segundo, se comete un grave error, de alto costo social, no comprender el valor que para una economía tienen los buenos técnicos y tecnólogos. Que lo digan Alemania y los países europeos en sus procesos de reconstrucción que siguieron a la devastación de la 2ª guerra mundial y en el papel que desempeñan éstos en las economías del conocimiento contemporáneas. Al rol de primera línea de los técnicos ha correspondido el enorme aprecio social y el reconocimiento económico.

Corea tuvo la obsesión, hasta hace pocos años, de que los bachilleres entraran a la universidad. En el 1990 era el 40%, en el 2008 se llegó al tope de 84%. El discurso empieza a cambiar: ¿Por qué no invertir en educación para el trabajo (formal e informal) incluyendo competencias adquiribles en el colegio? Los resultados parecen ser buenos: el mercado los está absorbiendo con buenos salarios.

Alemania y Austria registran las más bajas tasas de desempleo en Europa; cuentan con un sistema dual que permite que la formación técnica vaya de la mano de la demanda laboral de parte de las empresas.

El mercado está dando señales. Un buen técnico en telecomunicaciones con un par de “especializaciones” puntuales puede ganar más que un ingeniero. Las empresas lo saben y los están enganchando. Ni que decir de los buenos gastrónomos o de los técnicos en desarrollo de software.

Como todo, hay ofertas buenas y malas. Sin embargo, el mensaje debe ir dirigido a todos: ser excelente técnico, especializarse en disciplinas técnicas, paga. Y si hay disciplina para el auto aprendizaje en un mundo lleno de buenas ofertas en línea, mejor aún.

 

 

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