Por: Antieditorial

Ser Pilo Paga... pero no como política de Estado

Por Leonor Noguera Sayer

En el editorial de ese diario de noviembre  10 (“Ser Pilo Paga como política de Estado”) se ponen de presente algunas consideraciones importantes sobre las bondades de este programa como aporte a la educción superior.

A sus apreciaciones agrego: claro que ingresar a las mejores universidades privadas del país es una oportunidad que se torna menos esquiva para los aspirantes pilos que, teniendo todo menos el dinero para ingresar, inexorablemente quedarían por fuera.

Claro que la educación impartida en las universidades privadas casi siempre alcanza estándares de calidad envidiables. Sin embargo, otra cosa es multiplicar y sumar el costo de matrículas que el Estado invierte en estos jóvenes meritorios del programa SPP.

Con cálculos aproximados, si el 80 % de los pilos ingresan a la universidad privada, sobre 40.000 que sumará el total de vinculados este año, por 32.000 de ellos se pagará un promedio de $15 millones por semestre/alumno, la suma arroja $480.000 millones.

Vale la pena pensar lo que representaría esa suma si, con un manejo transparente, cada semestre se invirtiera en mejorar la calidad de las universidades estatales y que los pilos fueran becados en ellas.

Lo que se discute no es la bondad académica de la universidad privada de la que disfrutan los que por méritos logran que el Estado los incorpore a ella. Lo que está en discusión es que eso no soluciona ni aporta luces al problema estructural de las universidades estatales. Los 40.000 beneficiados del SPP acaban siendo una cifra irrisoria si se los compara con el total de buenos aspirantes que ingresan a la universidad pública, pero los muchos otros, buenos también, que no lo consiguen por no tener suerte en la apretada puja que se da para el ingreso. Independientemente de las calidades del aspirante, los cupos están contados y la pirámide llega a su punta rápidamente, sobre una base demasiado estrecha.

Algo se mitigaría si las universidades privadas ofrecieran un costo mínimo como becas parciales para quienes cumplan los requerimientos de cada institución educativa, así el Gobierno asumiera el saldo a pagar. Por el contrario, me parece un descaro que la universidad privada acabe siendo la principal ganadora con la plata del Gobierno.

Si las bondades de SPP se colocan en el contexto educativo nacional, vemos que se ahonda la zanja, no entre los más capaces y los menos, sino entre los que, teniendo méritos, no logran el ingreso a la una o a la otra o a ninguna.

Puestas como contexto las dificultades de la educación superior en Colombia, y como texto este programa y la postura del editorial en mención, resultan estos un exabrupto por lo engañoso del maquillaje, que acaba disimulando las verdades de fondo.

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