Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Ser primeros trae ventajas y riesgos

Este año (mayo 13), Colombia fue el país en el mundo con más aves observadas y registradas. Una vez al año, en todo el mundo, los observadores de aves se unen y activan para hacer de su país el de mayor número de especies de aves observadas y registradas. En esta ocasión, por primera vez, Colombia ocupó el primer lugar. Antes habían ganado Perú y Brasil.

Los pajareros colombianos registraron 1.486 especies ese día, es decir, alrededor del 15 % del total de aves que hay registradas en el mundo. Más de 1.500 pajareros, de todos los rincones de nuestra geografía, participaron e hicieron sus registros. La observación y protección de aves y ecosistemas es una actividad que cada día toma más fuerza en Colombia, el país de mayor diversidad de aves en el mundo, con 1.921 especies registradas.

Paz, aviturismo y conservación se refuerzan mutuamente. La paz permite que valiosos ecosistemas, que antes no podían ser visitados, ahora puedan visitarse. El aviturismo puede ser una actividad importante en la generación de ingresos para los habitantes de los ecosistemas estratégicos, en los espacios de construcción de paz. La conservación es una condición necesaria para que la riqueza y diversidad de aves se mantenga. Conservación, producción, generación de ingresos y buen vivir pueden ir de la mano. Desde luego, esto no se dará de manera espontánea: es necesario organizarse y capacitarse para que así sea.

Llegó la hora de hacer la paz con la naturaleza, hacer la dejación de armas y entregar las caucheras, aquellas armas de caucho para matar pájaros con las que con alevosía pretendemos mostrar habilidades y hombría. Ahora tal actividad debe ser cambiada por lápiz y papel, para dibujar y registrar las aves que protegemos y disfrutamos al verlas y oírlas cantar en nuestros territorios. Julián Zapata creó en 1991, en Marsella (Risaralda), el primer Museo de la Cauchera. Estos museos debemos impulsarlos en todas las escuelas de Colombia. Allí se deben exponer las caucheras recolectadas, dibujar las aves que cada muchacho cazaba y hacer de esto un argumento para ofrecer sus conocimientos y servicios como guía local para el aviturismo.

A todos nos causa placer levantarnos en las mañanas y escuchar el concierto natural que las aves nos ofrecen. La única boleta de entrada, que todos debemos aportar, es conservar su hábitat y proteger las aves en los territorios que ocupamos.

La conservación y gestión de servicios ambientales, valiosos e indispensables para la vida humana, tales como la conservación de las fuentes de agua, la protección de los suelos, la conservación de la biodiversidad y el apoyo a la regulación climática, pueden verse apoyadas por la iniciativa de protección de hábitat para el aviturismo.

Gran biodiversidad conlleva gran fragilidad. Hay muchas especies cuyo número de ejemplares ha sido dramáticamente reducido, que requieren diversos hábitats que ocupan espacios relativamente pequeños. Esto hace que cada ave y cada hábitat cuenten.

Somos tan ricos como vulnerables a perder nuestra biodiversidad. Todos debemos poner nuestro grano de verde para conservar la diversidad de ecosistemas. Tenemos grandes oportunidades y enfrentamos grandes riesgos para gestionar un buen vivir.

 

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