¿Será posible que todos ganemos?

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Como lo que está de moda es opinar en las redes sociales, en los últimos tiempos hemos sido testigos de cómo se ha venido degradando la argumentación. Por el contrario, se está dando más valía a las afinidades de pensamiento o inclinación política. Lo que otrora era discusión de canas al leer editoriales y columnas de opinión ahora se ha convertido en batallas campales de comentarios a favor o en contra de alguna posición de afinidad, donde el cuadrilátero son las redes sociales. Creo que ya ha habido suficiente ilustración respecto de ciertas posiciones. Pareciera pecado que alguien comente acerca de una posición en contra de cierto tema, aun si es ausente de profundidad. Abandonar el sesgo podría ser el primer paso de cara a la verdadera construcción de una sociedad sana.

Matoneo de cada bando es lo que abunda en las redes sociales. Lo que más tristeza da es que las opiniones o comentarios se centran en las ofensas. Cuanto más se ofende, más comentarios se reciben de parte y parte. Leer cada comentario resulta poco saludable, pues es claro que la ausencia de conocimiento del tema en cuestión no es impedimento para traer a colación comportamientos zafios. Toda esa energía en desorden, como lo mencionaba en columnas anteriores, nos lleva a una entropía social, en donde más vale la fuerza que la verdadera argumentación.

Estoy convencido de que cada quien es libre de pensar y de opinar. Por ello, mi clamor va por cultivar y fomentar opiniones argumentadas. Basta ya de la superficialidad en los temas en los que se opina. Basta ya de criticar, culpar y defenderse o defender una afinidad política. Debemos para ello dejar los sesgos y proponer soluciones en lugar de centrarnos en el estar o no de acuerdo. Para ello es bueno empezar por documentarse mejor. Es más, por principio general no debemos generar debates sobre temas que no son de nuestro dominio. Por supuesto que las opiniones y comentarios son libres, pero estoy convencido de que si nos documentamos antes de hacer comentarios nos evitamos discusiones estériles.

Así es como creo que se podría resumir la situación actual. Muchos debates sin argumentación técnica y más bien sesgados por su afinidad política, social o religiosa, entre otras. Si concentráramos esas energías en prepararnos mejor y en buscar nuestro mejor potencial en la sociedad, estoy convencido de que mejoraríamos sustancialmente como país. Si nos concentramos en lo que realmente somos buenos, seguramente tendremos mejor equilibrio social y por supuesto económico. La oposición siempre es buena, si y solo si es activa en la construcción de propuestas. Para ello es necesario que juguemos limpio y que busquemos un equilibrio en el juego. Ese equilibrio en el que busquemos el bienestar general, no en el que existan unos ganadores y otros perdedores.

Acordémonos, por ejemplo, del equilibrio de Nash en el que se busca la mejor estrategia dada la estrategia del contrincante. Esto se resumiría en que, en lugar de atacar y promover el odio entre clases y en la sociedad misma, deberíamos proponer estrategias en las que exista beneficio común para todos. Mi llamado es a que, por ejemplo, sindicatos o agremiaciones sean más activos de lo que son. Activos en la construcción conjunta de propuestas y que tengan capacidad de tener una visión holística, sin sesgos o prejuicios. En lugar de buscar el beneficio para un bando, deberían buscar un beneficio para todos los partícipes del mercado. En la medida que a las empresas les vaya bien, les debería ir bien a los interesados claves (empleados, proveedores, clientes, Estado). Así las cosas, cualquier decisión de un sindicato o agremiación debería tener en consideración, por supuesto, lo mismo para las entidades de vigilancia y control y los tres poderes del Estado. Amanecerá y veremos, dijo el ciego.

En Twitter: @JnicaV

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