¿Será que... ?

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—¿Será que una vez superada la pandemia nos vamos a dar cuenta de que podemos vivir sin espectáculos, sin estadios, sin políticos, mas no podemos vivir sin agricultores?

—¿Será que nos daremos cuenta de la insensatez de que, en vez de buscar recursos para desarrollar las vías terciarias y para conectar la Altillanura, lo que hemos hecho es facilitar la importación masiva de comida en detrimento de la agricultura nacional y la seguridad alimentaria?

—¿Será que nos daremos cuenta de que la apertura comercial y los tratados de libre comercio no pueden ser a costa y ruina de nuestros productores?

—¿Será que empezaremos a ver que apoyar a nuestros campesinos, nuestros artesanos, nuestra pequeña, mediana y gran industria es el único camino para tener una economía sana, próspera y sostenible, especialmente en épocas de crisis?

—¿Será que nos daremos cuenta de que nuestros profesionales de la salud —médicos, enfermeras y farmaceutas— son los que realmente merecen nuestro total apoyo, al igual que el apoyo a las facultades de Medicina, de Enfermería y de Farmacología, dándoles prioridad sobre facultades como las de Derecho y las de Filosofía?

—¿Será que el poder ver osos en los Parques Nacionales, delfines en la bahía de Santa Marta, peces en la de Cartagena y el horizonte despejado en nuestros centros urbanos nos hará ver la locura de seguir dependiendo cada día más de los combustibles fósiles?

—¿Será que nos daremos cuenta de que el país no es viable cuando tenemos a más de la mitad de los colombianos en la informalidad? Hace unos días, Miguel Gómez Martínez señalaba una verdad de a puño: “Es cierto que formar parte de la informalidad puede tener algunos beneficios en un país como el nuestro, donde el Estado es ineficiente y corrupto. Los informales no pagan impuestos ni tienen que cumplir con las absurdas y numerosas reglas que los políticos y gobernantes se inventan para justificar sus funciones. La economía formal tiene muchos inconvenientes que hacen muy difícil hacer empresa en la legalidad”.

—¿Será que en estos días, en que las empresas y las personas no han tenido que llenar los infinitos y engorrosos informes y requisitos que exige nuestra burocracia, nos daremos cuenta de que los tales informes y requisitos no sirven para nada, fuera de justificar la existencia de la misma burocracia?

—¿Será que los altos consejeros del presidente Duque ponen en movimiento una de las principales promesas de campaña, que era que por cada nueva ley, decreto o norma que se expidiera, se eliminarían dos leyes, decretos o normas inútiles?

—¿Será que los pontífices del manejo económico se dan cuenta de que las reservas internacionales no sirven para nada si la economía se despedaza?

—¿Será que la alcaldesa y los concejales de Bogotá se percatan sobre la cursilería y el despilfarro de tener que pagarle a cada concejal acompañamiento de dos policías motorizados, una camioneta blindada y un conductor, y deciden donar esos fondos al sistema de salud?

—¿Será que aprovechamos la cuarentena para aplicar la maravillosa sentencia de Mario Vargas Llosa: “Las buenas lecturas no sólo producen felicidad; enseñan a hablar bien, a pensar con audacia, a fantasear, y crean ciudadanos críticos, recelosos de las mentiras oficiales de ese arte supremo del mentir que es la política”?

—¿Será que los colombianos nos damos cuenta de que con Iván Duque, más que un presidente (que es el que preside), lo que tenemos es un líder (que es el que lidera)?

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