Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Será que les quedan fuerzas?

En relación con el paro del jueves 21 de noviembre, el autor de esta columna se hace varias preguntas:

¿Será que después de culpar de manera totalmente equivocada al Gobierno por las matanzas de los líderes indígenas, a los manifestantes les quedan fuerzas para exigir la implacable persecución de los culpables de esos crímenes: los carteles de Sinaloa y los Zetas? Las bandas de sicarios mexicanas cometen estos homicidios precisamente para amedrentar a los indígenas que se han opuesto al narcotráfico, flagelo que el Gobierno anterior permitió que floreciera.

¿Será que después de señalar como culpable de la muerte de los niños al Gobierno, les quedan fuerzas a los manifestantes para indignarse con las disidencias de las Farc, facinerosos que con diferentes brazaletes llevan décadas reclutando y utilizando a menores, cuando no de escudos, de objetos para satisfacer sus oscuras e insaciables perversiones sexuales?

¿Será que, mientras exigen (con toda la razón) que cesen los robos de los recursos de la Universidad Distrital y culpan al Gobierno de dichos desmanes, los manifestantes sacan unos minutos para reflexionar que el encargado de manejar parte importante de esos recursos en la Universidad Distrital era Juan Carlos Montes, el mismo que le entregó a Gustavo Petro los fajos de billetes que el anterior burgomaestre —con sin igual destreza, codicia, e infinito regocijo— colocó en bolsas de plástico?

¿Será que a los manifestantes les quedan fuerzas para entender que los convocantes a dicho paro los han citado arguyendo un sartal de mentiras? Porque la verdad es que es mentira que el Gobierno haya pasado una reforma pensional o laboral. Es mentira que el Gobierno piense rebajar el salario mínimo. Es mentira que el Gobierno vaya a acabar con Colpensiones. Es mentira que no se haya cumplido con el sector educación.

¿Será que aquellos que marchan se dan cuenta de que a su lado marchan verdaderas ratas políticas que, por más que de negro se vistan, no abandonan su condición de roedores de dos patas, que no cansados de haber vaciado las arcas públicas hoy chantajean al Gobierno para que los inunde de “mermelada”?

Finalmente, quiero subrayar que no apoyo el paro por dos motivos: el primero es que las razones que aducen los convocantes no tienen asidero en la realidad. El historiador romano Polibio afirmaba que cuando las decisiones no las toman los ciudadanos sino la muchedumbre, y cuando los ciudadanos son manipulados y deciden sin información, se configura una oclocracia que se nutre del rencor y la ignorancia y que por definición es el peor de los sistemas políticos, el último estado de degradación del poder. Y en este paro del 21, convocado con artimañas y embustes, parte de los líderes lo que pretenden es ponerle una trampa a Duque. Segundo, no me cabe la menor duda de que el propósito de varios energúmenos es agredir a nuestras fuerzas del orden, olvidando, como una vez lo dijo Barack Obama, que es el soldado, no el periodista, quien nos ha dado la libertad de prensa; que es el soldado, no el poeta, quien nos ha dado la libertad de expresión; que es el soldado, no los políticos, quien garantiza nuestro derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. En las redes circula un video en el que un miserable incita al terrorismo y señala dónde los revoltosos pueden aprender a hacer “papas bombas” y “cocteles molotov”.

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2019-11-17T00:00:44-05:00

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